La urbanización cacereña Sierra de San Pedro crea una asociación vecinal que reclama más seguridad en el barrio

Directiva de la asociación con su presidenta, María Mojonero, a la izquierda :: L.C./
Directiva de la asociación con su presidenta, María Mojonero, a la izquierda :: L.C.

Denuncian cargas de agua de las fuentes públicas y carreras de coches en el parque del poblado minero, al que acceden los vehículos

LAURA ALCÁZAR CÁCERES.

Son las seis de la tarde del jueves en el parque de la urbanización Sierra de San Pedro, a escasos metros del edificio Embarcadero y junto al antiguo poblado minero. A esa hora un coche accede al recinto por uno de los caminos peatonales de tierra que atraviesan el parque, deteniéndose en una de las dos fuentes de agua potable instaladas para beber. Su conductor, un hombre de mediana edad, baja del vehículo y llena de la fuente pública un bidón de plástico blanco de unos 15 litros que introduce en el maletero antes de marcharse.

Es la escena que presencian día tras otro los vecinos de este vecindario situado entre Las Minas, La Cañada y la carretera de Badajoz. El parque es el lugar de esparcimiento y recreo de las 350 familias, en su mayoría parejas jóvenes con niños pequeños, que viven en los tres residenciales que conforman una barriada de reciente creación y en crecimiento: Río Tinto, edificio Natura y Residencial Los Llanos. Esa tarde, como cada día, el parque está lleno de grupos de madres con carritos de bebé y pequeños que se divierten en la zona infantil.

Peligro en el parque

LAS FRASESMaría Mojonero Presidenta vecinal «Queremos reivindicar nuestros derechos como ciudadanos y como vecindad» «Tenemos dificultades con el bus urbano por la mala combinación de horarios y por los trasbordos»

Hartos de esta situación y del peligro que conlleva la entrada de coches en el parque, los vecinos acaban de constituir la asociación vecinal Sierra de San Pedro con el propósito de dar visibilidad a la problemática que sufren y trasladar formalmente sus quejas al Ayuntamiento de Cáceres. «Vienen cada día a llenar bidones de agua de las fuentes del parque, entran con las furgonetas y lavan incluso los coches», se queja indignada María Mojonero, presidenta de la asociación. «Ese agua la estamos pagando los cacereños con nuestros impuestos», protestan, y «se la llevan para dar de beber a caballos y animales», sospechan.

El nuevo colectivo demanda principalmente «mayor seguridad» y el acondicionamiento adecuado del barrio. «Queremos reivindicar nuestros derechos como ciudadanos y como vecindad», clama. «Las carreras de coches y los derrapes dentro del parque son habituales», denuncia y, según apunta, el robo de cobre del cableado eléctrico ha tenido al parque sin alumbrado durante «un mínimo de tres años». El Consistorio ya se ha encargado de repararlo pero solicitan «más presencia policial» para evitar los actos vandálicos, y reclaman prohibir el acceso de vehículos al parque.

El estado de abandono del llamado Malacate, una instalación minera de piedra situada en un extremo del parque, junto a la zona de juegos infantiles, es evidente. La construcción ha sufrido la sustracción de la puerta de hierro forjado que impedía pasar a su interior, rebosante ahora de zarzas y maleza. Además de clausurar la entrada a este vestigio del pasado minero del barrio, piden el desbroce y limpieza de las parcelas colindantes ante el peligro de incendios, así como el mantenimiento de sus vallados.

Desde la asociación se lamentan de que algunas de las zonas que rodean el Centro de Interpretación de la Minería, ubicado en la antigua mina de La Abundancia, y muy cerca de sus viviendas, «son vertederos llenos de residuos, basura y escombros». Un lugar que, según cuentan, «se ha convertido en el retrete de algunas personas». A esto suman la cercanía de las vías del tren a los edificios y al mismo parque, a las que se llega fácilmente caminando. No cuentan con vallado alguno o alambrada y no existe una señalización que alerte o impida el paso libre de los peatones, algo que preocupa sobremanera a los vecinos, que temen que cualquier día haya que lamentar un accidente.

Las bocas de minas o pozos que hay por la zona están «abiertas o mal tapadas», aseguran, y aunque reconocen que la tragedia del pequeño Julen ha alertado del peligro y «se estántomando medidas, a día de hoy siguen sin ninguna protección».

Autobús urbano

El residencial está conectado con el centro de la ciudad a través de la línea 8 del autobús urbano, con paradas en Múltiples y Colón y una frecuencia de paso de 20 minutos los días de diario y 40 en fin semana. Un servicio que consideran «insuficiente» por la «mala combinación de horarios» y la dificultad para hacer transbordo a otras líneas, «como la que va al nuevo hospital», concretan. Por ello, proponen que la línea 1 con final en Aldea Moret refuerce el servicio con una parada en el vecindario.

Hasta este momento, los vecinos habían planteado sus problemas al Ayuntamiento a título personal. Hoy, constituidos en agrupación vecinal, cuentan con un altavoz colectivo para canalizar sus peticiones y facilitar el diálogo y su relación con la administración local. Todo por el desarrollo de un barrio joven establecido en una de las zonas más simbólicas de la ciudad, el entorno minero, y a un paso de la sierra de San Pedro, un enclave natural de gran valor ambiental y paisajístico.