Hilario Bravo: «Siempre quise ser escritor, pero la literatura está peor pagada que la pintura»

Con su libro junto a figuras mexicanas y el 'atrapamaridos'. :: armando/
Con su libro junto a figuras mexicanas y el 'atrapamaridos'. :: armando

El pintor acaba de publicar el libro 'Jardín Mexica. Diario de un paseo por el Ombligo de la Luna', que recuerda su viaje a México

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

Tiene el pintor Hilario Bravo (Cáceres, 1955) una curiosa casa-estudio en la calle Sande, con una magnífica terraza desde la que se contempla la belleza del campanario de la Iglesia de Santiago. En la casa quedamos para hablar de su nuevo libro de viajes. Entre los numerosos objetos que tiene hay cosas que trajo de México: figuras de sirenas para atraer a hermosas mujeres, exvotos de corazones sangrantes y una especie de pequeño látigo que termina en un agujero: «Mete un dedo en el agujero», le pide al fotógrafo Armando. El bueno de Armando mete el índice derecho en el agujero, Hilario tira de la cuerda y lleva a Armando de un lado a otro preso por el dedo. «Le llaman atrapamaridos y lo usan las mexicanas cuando quieren llevar a sus hombres a casa. Así se las gastan». Después de las risas empezamos a hablar de su nuevo libro 'Jardín Mexica. Diario de un paseo por el Ombligo de la Luna', que presentará el jueves, 12 de septiembre, a las ocho y media de la noche en el bar de la calle Pizarro 'Capitán Haddock'.

-Este no es el primer libro que publicas.

-Está 'El libro de las Aguas', en el que recogía dibujos de Roma, cuando estuve allí con una beca de la Academia de Bellas Artes, con poesías mías. Hace tres años también saqué 'Lucía en la tormenta', un relato sobre los rigores de los veranos en Cáceres... La verdad es que yo siempre quise ser escritor, pero la literatura está peor pagada que la pintura. Lo digo en broma.

-Esta obra, de todas maneras, es tu segundo libro de viajes o diario de viajes.

-Sí. En el año 2002 se publicó 'Cuaderno de Roma', que recoge la estancia en Roma en el curso 95-96, y este libro de ahora es de un viaje a México en el año 2005. La verdad es que ahora me están entrando ganas de publicar los diarios que tengo de Nueva York, de Bruselas cuando hice la exposición en el Consejo de Europa... tengo hasta un diario de viajes de Matalascañas. No sé si publicar todos estos diarios que serían como varillas de un abanico, que es mi vida.

-De 'Jardín Mexica' asombra la gran documentación que hay de México. ¿Esa labor de documentación se hizo antes, durante o después del viaje?

-Estos diarios están escritos in situ, en el día a día. No sólo al final de cada día que recuerdas lo que has hecho, sino incluso también dentro de un museo. Luego, al darle la forma de libro, hay que explicar el porqué y aportar más documentación.

-Estuviste algo más de un mes en México en el año 2005. ¿Cuál fue el motivo del viaje?

-Conocí a un galerista mexicano, Gustavo Arróniz. Él tenía, además de la galería, un taller de grabado en donde trabajaban artistas mexicanos, y me propuso que fuera allí, invitado por ellos, a pasar una temporada en su casa y hacer grabados. Esa fue la maravillosa excusa para conocer ese maravilloso país.

-Allí conociste artistas que te dejaron huella...

-Sí, como el gran poeta Francisco Hernández, que tuve la fortuna de que era la pareja de la señora que me acogía en su casa, con lo cual tuve la suerte de convivir con él casi todos los días. También estuve con Eraclio Zepeda, que es uno de los grandes cuentistas, como él mismo se define.

-¿Qué te impresionó más del viaje?

-Yo creo que el que me estuvieran hablando en mi mismo idioma y no entender nada de lo que me estaban diciendo. ¡Si empezamos con que a los autobuses les llaman camiones! Pero, bueno, me impresionó todo; ese andar por territorios que fueron España, y que aún te sacan hoy en día eso de que «tú eres de los conquistadores», pero pasada la broma te dan un abrazo y te invitan a tequila. Asombra la gente y el picante... ¡por Dios! A mí que no me gusta mucho el picante, es que te lo ponen hasta en las cervezas, en las micheladas.

-Hace solo unos meses fue noticia que el presidente mexicano dijera que los españoles teníamos que pedir perdón a México por la Conquista. ¿Viste entonces mal ambiente con los españoles?

-Siempre hay alguna broma cuando te presentan a alguien, pero siempre viene de gente abierta, de gente simpática, que lo sacan a colación para romper un poco el hielo; pero si es cierto que hay varias páginas que dedico al muralista Diego Rivera, que tiene en el Palacio Nacional murales sobre la historia de México, y a mí me fastidia mucho la visión que dio. Hay que reconocer que Diego Rivera era un comunista, tan comunista que lo echaron del Partido Comunista Mexicano. Lo cierto es que hubo frailes que usaban el crucifijo como una espada, pero otros como Fray Junípero que defendían el derecho de los indios. Son cosas que, si no las han superado quizá sea por la propia historia mexicana. Yo, en el mismo tono de broma, les decía: «será que ustedes no han solucionado el tema de la revolución mexicana y no han sabido manejar el tema social». La revolución mexicana fue posterior a la Independencia, fue muy social, muy agraria, muy 'tierra, pan y libertad' y todo ese asunto; pero resulta que cuando fui a México el 90% de su riqueza estaba en manos del 10% de la población. El tema de la 'mordida' de la policía es increíble, que no te puedes acercar a la policía. Creo que ellos tienen eso de los españoles como una excusa, por no haberle dado ellos mismos una conformidad a su propia historia.

-Hablando de viajes, no de placer sino forzosos; resulta que tú eres un cacereño que se fue con su familia al País Vasco con cinco años y volviste a buscarte la vida aquí cuando tenías 33 años. Ahora hay muchos jóvenes cacereños fuera de su tierra, ¿les animas a que vuelvan como hiciste tú?

-El regresar a la tierra es una cuestión de raíces. Ninguna buena persona reniega de su cuna, pero también es cierto que casi nadie nace en la cuna que le apetecería o que quisiera. Hombre, yo animo a no romper los lazos con Extremadura; pero tampoco voy a animarles a que regresen porque Extremadura es Extremadura, y no estamos en Alemania o Dinamarca. Si la gente se va fuera denota que aquí falta algo, puede llamarse trabajo, puede llamarse horizontes, puede llamarse lo que sea. Lo que sí es cierto es que para mí Extremadura es una raíz de la que no te puedes librar, por la sencilla razón de que si cortas la raíz la planta se muere.