La Pasión Viviente revalida su éxito y llena la Ciudad Monumental de Cáceres

La recreación incorporó la Plaza Mayor como escenario ante la expectación de los cacereños por seguir las últimas horas de Jesús

Jesús, interpretado por el actor Chus Pablos, carga con la cruz en los adarves de la Ciudad Monumental. / LORENZO CORDERO
María José Torrejón
MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

Con puntualidad británica. La Pasión Viviente de Cáceres arrancó ayer a las ocho y media de la tarde al ritmo que marcaban los tambores de la banda de la cofradía del Humilladero bajo el Arco de la Estrella. Una nutrida legión de romanos, integrada por miembros de las asociaciones Ara Concordiae y Emerita Antiqua de Mérida, descendió por la calle Gran Vía, se mezcló con el público y se detuvo a los pies de la Torre de Bujaco. Desde el balcón, un centurión alertó a los asistentes de la presencia de un alborotador, «al que llaman el galileo». Vigilemos, dijo, «para que no haya una revuelta». Y, a continuación, exclamó: «¡Militares, adelante!».

Así arrancó ayer la segunda edición de la Pasión Viviente cacereña, que, como novedad, ha incorporado la Plaza Mayor como escenario. Las escalinatas del Arco de la Estrella se convirtieron en una carta de presentación de la recreación, que se prolongó durante dos horas por diferentes puntos del recinto amurallado. Todo el elenco de actores y figurantes presenciaron la escena inicial desde las escalinatas. Tampoco faltaron los cuatro Jinetes del Apocalipsis con sus caballos, procedentes de Arroyo de la Luz.

Entre el público había espectadores que, tras el estreno del año pasado, querían volver a presenciar el montaje. Y otros dispuestos a seguirlo por primera vez. Elena Moreno es diplomada en Turismo y cofrade. En 2018, cuenta, no pudo asistir. Ayer no lo dudó. «Me parece una iniciativa magnífica. La pena es que solo se hace un día. Podría representar la Pasión dos días porque, además, es complicado poder verla entera», señala. Ayer su propósito era ver dos escenas: el juicio ante Caifás y la sentencia de Pilatos.

La acción ha arrancado este año en la Plaza Mayor, que se ha incorporado como escenario. Grupo de soldados romanos, procedentes de dos asociaciones de Mérida, en la Plaza de San Jorge. Figurantes en la Plaza de Santa María, durante la escena del juicio de Caifás a Jesucristo. / Lorenzo Cordero

Vicente Rodríguez procuraba no perder detalle del montaje con su teléfono móvil. Hace 45 años que reside en la Ciudad Monumental. Vio surgir el éxito de la procesión del Cristo Negro –convertida en la más mediática de la Semana Santa– y ahora contempla la aceptación que está teniendo la Pasión Viviente. «El primer año que salió el Cristo Negro estábamos cuatro gatos. Yo ya la veo de lejos. Creo que con esto va a pasar igual. El escenario es inmejorable. Hay más gente que el año pasado», señala el vecino. Otros asistentes, en cambio, apuntaron que el volumen de público era inferior.

Con luz natural

La recreación, dirigida por Andrés Mata, profesor de la ESAD (Escuela Superior de Arte Dramático), arrancó todavía con luz natural. Atardecía en la Ciudad Monumental cuando en la Plaza del Conde de Canilleros Judas sellaba su beso de traición en la cara de Jesús, interpretado en esta ocasión por el actor Chus Pablos Castañeda.

Desde aquí, la acción se trasladó hasta la Plaza de Santa María. Un grupo de figurantes, metidos en la piel del pueblo, pedían a gritos la muerte de Jesús cuando Caifás les preguntaba por su destino. Y desde Santa María a San Jorge. De nuevo, al igual que sucedió el año pasado, se formó un tapón a la entrada de la segunda plaza. Al ver completo el aforo, dos agentes colocaron una valla para impedir la entrada de más público en San Jorge. Antes esta situación, decepcionadas, dos señoras se dieron la vuelta. «Ya lo veremos por la tele», se consolaban.

En la rueda de prensa de la presentación de la Pasión Viviente la organización recomendó que lo correcto era elegir un lugar desde el que seguir la recreación. «No se puede ver todo», aseguró entonces César García, presidente de la asociación Pasión Viviente de Cáceres. La idea es que el casco viejo recree de la forma más fiel posible la Jerusalén del siglo I. Por eso no se emplean barreras ni cordones de seguridad para separar a los actores del público. Los que sí estuvieron en San Jorge pudieron disfrutar de una escenografía espectacular.

Desde aquí, se inició un vía crucis que tuvo como punto y final la crucifixión y la escena del sepulcro en la Plaza de San Mateo, que se llenó con mucho tiempo de antelación. Uno de los rasgos de identidad del montaje cacereño es su lenguaje poético. No hubo cruces ni clavos para crucificar a Jesús. Se emplearon efectos especiales para escenificar la muerte de Cristo. Tras la Pasión Viviente, comienza la cuenta atrás para la salida de las primeras procesiones de Semana Santa.