Salaya cumple 100 días sin grandes medidas

Luis Salaya, el pasado 15 de junio en el pleno de investidura con el bastón de mando. :: lorenzo cordero/
Luis Salaya, el pasado 15 de junio en el pleno de investidura con el bastón de mando. :: lorenzo cordero

El alcalde reduce sus comparecencias públicas y hace un guiño a los barrios con la renovación de tuberías y el asfaltado | El Ejecutivo centra la primera etapa de su mandato en acciones discretas y se vuelca en las redes sociales

María José Torrejón
MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

Hace cien días que Luis Salaya se convirtió en el alcalde más joven de Cáceres. Durante esta primera etapa su Ejecutivo, que cuenta con nueve concejales (incluido el propio Salaya), se ha caracterizado por ejecutar medidas discretas, se ha volcado en las redes sociales y ha hecho un guiño a los barrios, con acciones como la renovación de tuberías o la campaña de asfaltado. Salaya, muy habituado a las comparecencias ante los medios de comunicación durante la anterior legislatura como concejal de la oposición, ha optado en estos primeros meses por reducir su exposición pública.

De momento, no ha anunciado ningún gran proyecto estrella. Ni la mejora de la Ribera del Marco, ni la zona azul, ni el borrador de los presupuestos, ni el derribo del bloque C, ni la reapertura del cuartelillo de la Policía en Aldea Moret... La agenda del gobierno socialista ha venido marcada por reuniones protocolarias y acciones de menor calado.

Uno de los ejes sobre el que se articulará la gestión de Salaya es el turismo como motor económico de la ciudad. En este sentido, el Ayuntamiento decidió abrir el pasado mes de agosto a las visitas convencionales la Torre del Horno. El alcalde aprovechó su estancia en este enclave para avanzar que su intención es incorporar más torres y nuevos tramos de muralla al circuito turístico de la ciudad.

El nuevo concurso de la zona azul y la recuperación de la Ribera, entre los temas pendientes

A propósito de la muralla, durante este verano, después de una década de espera, se ha iniciado la rehabilitación de la primera fase del lienzo almohade. La obra, con un presupuesto de 760.000 euros, está principalmente financiada por el Ministerio de Fomento. El Ayuntamiento se ha encontrado en esta intervención un problema con el que no contaba: la lucha de las asociaciones ecologistas por mantener los nidos de vencejos que hay en la muralla.

Al concejal de Patrimonio, José Ramón Bello, le ha tocado liderar una mesa de trabajo para poner de acuerdo a todas las partes e introducir cambios en el proyecto inicial que hagan compatible la conservación de las aves con las obras previstas en el baluarte de los Pozos y todo su entorno.

Otra obra vinculada al casco histórico es la del Museo de Cáceres. Su reforma, anunciada desde hace 20 años, está pendiente de que el Ayuntamiento conceda la licencia de obra. Esta solicitud se cursó hace ocho meses. El Ejecutivo de Salaya trabaja en estos momentos para subsanar las deficiencias detectadas en el proyecto, que han hecho que hasta ahora no haya podido obtener el permiso municipal.

Del Ayuntamiento también está pendiente el adjudicatario de la cafetería del Hospital Universitario de Cáceres, el hostelero César Martín Clemente. El Consistorio debe conceder la licencia oportuna para que den comienzo los trabajos, que se prolongarán durante cinco meses.

Quizá una de las acciones más visibles desarrolladas por Salaya y su equipo tiene que ver con el plan para incentivar la movilidad en bicicleta. Al regreso de las vacaciones estivales muchos cacereños se han sorprendido al ver señalizados sobre el asfalto los carriles a 30. El proyecto afecta a 33 calles de la ciudad e incluye recursos como los 'adelantabicis' en los cruces semafóricos. Es una especie de área reservada para las bicicletas con el fin de preservar su seguridad al retomar la marcha.

El entorno cercano del alcalde da fe de su conciencia ecologista. En su despacho no entra una botella de plástico. Se le puede ver con frecuencia rellenar una especie de termo recargable en la fuente que hay colocada a la entrada del Consistorio.

Hace unos días la comisión de Urbanismo aprobó por unanimidad modificar el Plan General Municipal (PGM) para poder instalar plantas fotovoltaicas en los Llanos de Cáceres, en terrenos que hasta ahora eran no urbanizables.

El proyecto de la mina de litio también ha hecho acto de presencia durante estos primeros meses. Y Salaya ha vuelto a posicionarse en contra. El pasado mes de agosto la empresa Infinity Lithium presentó el estudio previo de viabilidad, donde recogía que espera ingresar 5.500 millones de euros en 30 años y proyectaba una inversión inicial de 280 millones.

Ante estos datos, el alcalde manifestó que su postura era exactamente la misma que mantuvo durante la legislatura anterior, cuando estaba en la oposición. «Seguimos diciendo no a la mina», insistió. «Este proyecto es nocivo por el sitio donde se quiere ejecutar (la Sierra de la Mosca). Nuestra mina es el turismo y es en eso en lo que estamos volcados», dijo.

Con el fin de prevenir incendios forestales en la Sierra de la Mosca, el Ayuntamiento ha creado un órgano de coordinación con efectivos del Infoex, Sepei, Seprona, Policía Local y Policía Nacional.

En el capítulo del comercio, se ha contratado a una gerente para dinamizar el sector. Uno de los objetivos del Consistorio es elaborar un catálogo de locales vacíos y reunirse con los dueños con el propósito de buscar una solución a la huida de negocios.

Hasta aquí los deberes hechos. En la lista de deberes por hacer aparecen tareas como el traslado del mercadillo. El expediente para sacar los puestos de venta de Vegas del Mocho ya estaba iniciado. Y urge la redacción del nuevo pliego de la zona azul para convocar el concurso.

Si discretas han sido las acciones del Gobierno, discreto también ha sido hasta ahora el papel desempeñado por la oposición. Tal vez la voz más crítica haya sido la del portavoz de Ciudadanos, Francisco Alcántara, que el pasado 5 de septiembre declaró: «Pintando bicicletas en las calles y abriendo una torre a los turistas no transformamos la ciudad», manifestó al tiempo que reclamó a Salaya elevar el nivel de su gestión y que sea más reivindicativo con el ejecutivo de Fernández Vara.

El alcalde, que gobierna en minoría, ha apostado en estos tres primeros meses por una acción tranquila, alejada de la confrontación.

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