Los refugiados sufren trabas para alquilar una vivienda en Cáceres

Mamadou junto a su casera Gema (a la izquierda) y su compañera Begoña. :: ARMANDO MÉNDEZ/
Mamadou junto a su casera Gema (a la izquierda) y su compañera Begoña. :: ARMANDO MÉNDEZ

La plataforma de apoyo busca cacereños dispuestos a arrendar sus pisos vacíos a estos inmigrantes ante el rechazo que padecen por parte de muchos cas eros

Cristina Núñez
CRISTINA NÚÑEZCáceres

Mamadou Sylla llegó a España desde Costa de Marfil hace dos años. Tras una estancia en Madrid recaló en Cáceres, en donde se formó con Cáritas en un programa de capacitación para restaurante y bar. El gastro bar 'Mario & Marieta', en la conocida como plaza de los Maestros, le acogió para hacer prácticas y a partir de ahí logró un contrato a media jornada. No es difícil verle desenvolverse con soltura detrás de la barra. Tras un paréntesis en Menorca durante la temporada estival, a su regreso se volcó en hallar un alojamiento a la medida de sus necesidades. «Me resultó muy difícil encontrar vivienda, hay mucha gente que no se fiaba de mí por ser inmigrante», explica sin tapujos este joven refugiado que da pasos para normalizar su vida en España. «Después de encontrar piso por Internet contactaba con el dueño, concertábamos todo, podía pagar la fianza y al final el dueño se echaba para atrás».

Durante cerca de un mes de intensa búsqueda fueron muchas puertas las que se le cerraron a este marfileño que estudia el grado de ADE en la Universidad de Extremadura. «Cuando saben tu nombre o tu origen todo cambia», explica este joven, que bien podría escribir un tratado con las excusas poco creíbles cosechadas en los últimos tiempos. Su color de piel, dice, también le ha puesto muchas trabas. «Me decían que justo había llamado alguien también interesado en el alquiler, y me aseguraban que si esa persona no estaba interesada me llamarían, pero yo veía en Internet que seguía libre el alojamiento y no me llamaban», relata. «Estoy trabajando y estudiando, mi situación es legal y puedo pagar el alquiler», defiende. En el mes de octubre encontró su sitio tirando de las amistades. «La gente me ayudó a buscar, mi jefe, mi jefa, amigos». Su entorno se convirtió en su particular agencia inmobiliaria.

La situación de Mamadou, esa dificultad especial para encontrar un techo bajo el que vivir, aqueja también a más personas que intentan abrirse paso. La plataforma Refugiados Cáceres, una asociación que intenta sensibilizar sobre la situación de las personas que tienen que salir de su país por persecución por motivos políticos, de etnia u orientación sexual, denuncia esta situación. Recientemente han difundido por redes un mensaje para instar a los propietarios de viviendas a alquilarlas a emigrantes. Tomaron esa decisión en asamblea ante la repetición de los hechos en diferentes personas. La cooperante cacereña Patricia Sierra es miembro de esta plataforma. Explica que los jóvenes refugiados se enfrentan a esta situación después de superar las tres fases de acogida que brinda la oenegé nacional Accem, que trabaja en la ciudad desde 2015 con el colectivo de refugiados y migrantes. La primera fase se extiende durante seis meses, en los que lo que se pretende es que vayan cogiendo autonomía y que se integren en la sociedad de acogida. Después del primer periodo adquieren el permiso de trabajo e intentan hacer un itinerario de integración laboral en función de sus capacidades, de sus estudios o de las oportunidades que les brinde la ciudad. El segundo periodo puede extenderse durante un año más. En ese momento viven en pisos que gestiona la oenegé. «Después de un periodo de 18 meses buscan pisos por su cuenta y un gran porcentaje de la sociedad cacereña no quiere alquilar casas a estas personas, no solo por el color sino por las circunstancias». En muchas ocasiones, cuenta Patricia, «no importa que esté avalado por una organización ni que tenga sueldo fijo, muchos propietarios prefieren tener el piso cerrado».

Refugiados Cáceres acompaña a muchos jóvenes que buscan un lugar para vivir

Miedos

¿Se teme que el inquilino no pueda pagar la mensualidad de su alquiler? Sierra indica que en muchos casos las personas alojadas forman parte de programas de formación y empleo del SEPE o cuentan con «pequeños trabajos» que, aunque precarios, sí les permiten afrontar un gasto de algo más de 120 euros en un piso compartido. «Las casuísticas son muy diferentes, pero sí nos ha llegado a decir algún casero que no querían inmigrantes ni refugiados». Indica que el miedo a lo desconocido está detrás de este rechazo, a ciertos tópicos y estereotipos adquiridos sin reflexión. Sierra aclara que no es un problema específico de Cáceres, sino que otras ciudades también lo padecen. «Incluso la propia organización Cepaim ha tenido problemas en Mérida».

Tras la ayuda de 18 meses de la oenegé Accem, los refugiados intentan dar pasos hacia la estabilidad

La presencia de Accem en la ciudad ha incrementado la llegada de refugiados, muchos de ellos africanos. En las calles es visible la llegada de estos vecinos. En el último programa de acogida de ACCEM de primera acogida de los 28 nuevos usuarios 22 eran africanos y los seis restantes provenían de Latinoamérica. Según los datos de la Oficina de Asilo y Refugio alrededor de 80 personas solicitan asilo anualmente en Cáceres.

La historia de Mamadou terminó bien. Sus compañeras de piso son Begoña Lozano, trabajadora en una cooperativa y Gema Pedrazo, también camarera y dueña de la vivienda. «Me enteré a través del grupo de mujeres creadoras, acordamos una cena para ver cómo fluía la cosa, y la cosa fluyó». Los tres hacen un buen balance de los casi cinco meses compartidos. «Está siendo una convivencia muy buena, y nos está enseñando a cocinar platos riquísimos», indica Gema.

Pese a su experiencia difícil, Mamadou se encuentra cómodo en la ciudad. Pasa horas cara al público y nunca ha sentido una mala mirada. «No percibo racismo, aunque sea el único chico de color de mi trabajo no tengo ningún problema», explica mientras sonríe.