Marta Piqueras: «Hay que ponerse metas altas en la vida»

Marta Piqueras, mejor alumna de la promoción 2014-2018 de Derecho, el viernes en el Paseo de Cánovas. :: jorge rey/
Marta Piqueras, mejor alumna de la promoción 2014-2018 de Derecho, el viernes en el Paseo de Cánovas. :: jorge rey

La joven fue en 2018 la mejor alumna de la promoción de Derecho con un 9,4 de nota | Marta Piqueras logró 32 matrículas de honor en Derecho y se prepara para ser juez

LAURA ALCÁZARCÁCERES.

Hace apenas una semana que Marta Piqueras Delgado recibió una llamada del Rectorado de la Universidad de Extremadura en la que le comunicaban que tenía pendiente recoger un premio al mejor expediente académico de la promoción 2014-2018 del Grado de Derecho. La comunicación, al margen de la excelente noticia que supone que te reconozcan públicamente como la mejor de tu clase, no sería significativa en estas fechas sino fuera porque el galardón se entregaba el pasado mes de enero en el transcurso de un acto en el que alumnos de otras titulaciones también recibieron el suyo.

Pero Marta, enfrascada en sus nueve horas de estudio diarias, apenas consulta el buzón de correos electrónicos y pasó por alto un mensaje con la citación oficial.

Con una nota final de un 9,4 y 32 Matrículas de Honor en las 40 asignaturas del Grado, esta joven de 23 años nacida en Badajoz pero afincada en Cáceres desde los seis, ha sido la alumna más brillante de una carrera a la que llegó por vocación pese a haber cursado el Bachillerato de Ciencias en el Colegio San Antonio de la capital. «Siempre tenía la idea de que iba a acabar haciendo Derecho y cuando entré me encantó, me bebía todas las asignaturas, hasta Historia del Derecho, que no es una cosa del otro mundo», declara.

Le gustaría desarrollar su carrera judicial en Madrid, pero después de ejercer unos años en la región

Opina que de todas las salidas profesionales del Derecho, la judicatura es de las más humanas

La joven, que durante el Bachillerato y la carrera no se ha sentido como la típica 'empollona' que deja a un lado la vida social para encerrarse a estudiar, sino simplemente se considera una persona «muy organizada», sí dedica hoy la mayor parte de sus días, fines de semana y vacaciones a preparar las oposiciones de la judicatura.

Esto también lo contemplaba desde pequeña, quería ejercer de jueza como era deseo de su abuelo, comisario de policía ya fallecido, a quien dedicará la oposición, porque tiene claro que la va a aprobar. Eso sí, sin «hipotecar» su vida, ya que no quiere dedicarle más de tres convocatorias. «A veces tienes sueños en la vida que al final no se alcanzan y si no me sacase esta oposición me gustaría ser profesora de universidad o me sacaría una Cátedra», afirmaba.

Trabajo

Sin embargo, la excelente estudiante trabaja hoy concienzudamente y con la disciplina que conlleva estudiar una de las convocatorias públicas más duras, con más de 300 temas a memorizar. La joven se prepara de la mano del magistrado Joaquín González Casso, a quien periódicamente le expone o 'canta' -como se conoce entre los opositores- los temas que va estudiando en casa.

«Es muy exigente, aparte de ser una maravillosa persona, y con independencia de que me llegue a sacar la oposición, el hecho de poder compartir ese tiempo con un gran profesional del que aprendes un montón, yo creo que eso ya es un lujo», reconoce con admiración.

Le atrae formar parte del Tribunal Supremo ya que «Extremadura tiene poca representación»

«No hay retribución económica que te dé la satisfacción de mejorar la vida de una persona»

A Marta le gustaría desarrollar la carrera judicial en Madrid, después de ejercer unos años en Extremadura, con sus objetivos puestos a largo plazo en el Tribunal Supremo o el Constitucional. «Lo mejor es ponerte metas altas en la vida y creo que hace falta que haya representación de Extremadura allí, que no hay mucha», señala. A pesar de estas aspiraciones y de las expectativas tan sólidas que mantiene por las horas que dedica al estudio y el entusiasmo con el que habla de la judicatura, asegura que hay quienes le han querido disuadir de la idea de opositar a jueza para que se centre en otras profesiones cuyas retribuciones económicas son más sustanciosas, como registrador de la propiedad o notario.

Cercanía

Ella, por su parte, no lo ve así. «De todas las salidas profesionales que tiene el Derecho, la de juez es una de las más humanas, en la que aprecias una mayor cercanía con la ciudadanía y el hecho de poder contribuir a que la vida de una persona sea mejor, no hay retribución económica que te aporte esa satisfacción», confiesa la joven, que apostilla «puedes aportar tu granito de arena para hacer una sociedad mejor».

Ayudar

En este sentido, Marta se define como una persona a quien le gusta ayudar a los demás y ve su futura posición en los tribunales como vía para llevarlo a cabo. «Un registrador gana mucho dinero pero a una víctima de violencia de género le das la oportunidad de tener una vida mejor y a un menor, con un divorcio contencioso entre sus padres, tratas de velar por sus intereses», manifiesta convencida.

De su paso por la Facultad de Derecho, guarda buen recuerdo de sus compañeros de clase, a los que representó como delegada los cuatro cursos, aunque tuvo algún «rifirrafe» por sus notas.

También de los profesores Antonio Álvarez-Joven Alarcón y María José Pérez Alburquerque, «les tengo un especial cariño, y aunque a lo largo de la carrera no te pueden gustar todos, hay algunos que te marcan porque comparten contigo la pasión que ellos tienen por el Derecho».

El premio al mejor expediente ha sido una motivación para su nuevo propósito. «Si he podido con esto, puedo perfectamente sacarme la oposición». Con optimismo, ilusión y una carrera impecable, posibilidades no le faltan para acabar dictando sentencia en el Supremo.