Los paseíllos

Los paseíllos
FÁTIMA LOZANO

Mucho me temo que, en los próximos meses, la actividad cultural, social y política de esta ciudad se va a medir en idas y venidas de un lado para otro, como las de los participantes en el desfile del carnaval que se toparán con la alfombra roja del Festival de Cine Español, por donde pisarán los famosos que cada mes de marzo llegan a la ciudad al albor de este certamen cinematográfico. Mes y medio más tarde, serán los cofrades y las imágenes sacras centenarias las que ocuparán las calles empedradas a toda prisa (¡gr...!) al salir en procesiones para el deleite de turistas y emoción de los creyentes. Poco después, la serpiente multicolor se dirigirá a la concatedral de Santa María a rendir homenaje a la patrona, en una fiesta que ya interesa a toda la región. Unos días antes, habremos de acompañar a San Jorge en su comitiva y celebrar que el dragón será pasto de las llamas para recrearnos en una victoria de tiempos pasados. Apenas una semana después, serán miles los cacereños que bajarán a la Plaza Mayor a disfrutar de un festival Womad que volverá a convertirse, si nadie lo remedia, en un macrobotellón amenizado con ritmos desconocidos para muchos, pero muy entretenidos para la mayoría.

Entre parada y cortejo llegaremos a finales de mayo, y entonces serán los ciudadanos los que harán su paseíllo a las urnas en unas elecciones que se presentan, cuando menos, enigmáticas en sus resultados, a juzgar por el abanico cromático que puede resultar de los comicios y la situación en la que podría quedar el consistorio, abocado a pactos, a lo peor, incomprensibles. Y es que hay decisiones difíciles de entender, como ha apuntado Fernández Vara en alusión a la gestión gubernamental del problema con Cataluña, porque son también complicadas de explicar y, apostillo yo, porque además son espinosas de ejecutar.

En términos locales y con muchas menos consecuencias que las del 'procés', me detengo en la determinación de algunos partidos (PSOE y Ciudadanos, concretamente) de oponerse a que los festejos taurinos reciban una subvención proveniente de las arcas del ayuntamiento, mientras que esas mismas siglas apoyan una declaración en defensa de la caza, la pesca y los toros en otra institución, en este caso, la Diputación Provincial. Ambos niegan que esto sea una contradicción porque defienden que una cosa es dar una subvención a una empresa privada para que organice una corrida de toros, y otra defender los valores de la tauromaquia y el sector ganadero de las reses bravas.

Lo que no sé es si los responsables del medio centenar de ganaderías registradas en la Unión de Criadores de Toros de Lidia que pastan en Extremadura entienden que se les dé una palmada en la espalda para que sigan fomentando su actividad económica, mientras por otro lado se impide que su producto final, el toro de lidia, pueda salir al mercado a cerrar el círculo de la economía verde, como los campos en los que crecen los morlacos.

Así es que concluyo que, de todos los paseíllos que podremos ver en los próximos meses en esta ciudad de garbeos, el de las cuadrillas de los toreros por la Era de los Mártires es el que más sombras arroja... si el tiempo y la oposición no lo remedian.

 

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