Pajareando

Pajareando
ÁNGELES REDONDO

Leí hace unos días que el Ayuntamiento pondría en marcha un plan para controlar las colonias de gatos callejeros por su excesiva proliferación. Buena iniciativa y necesaria, pero inevitablemente me acordé de otra colonia, la de las palomas urbanas sin control. Animales poéticos para unos y ratas voladoras para otros, no paran de reproducirse por el casco histórico de la ciudad y nadie parece hacer nada para impedirlo. Algo tan sencillo y gratificante como pasear por la Plaza Mayor se convierte en un tremendo obstáculo para los que tienen fobia a las aves. Y no es causa menor si queremos ser centro de recepción de turistas, teniendo en cuenta que la colombofobia se sitúa dentro de la zoofobia en un puesto prominente. O dicho de otra forma, muchas personas sienten pánico al encontrarse con esos pájaros en plena Ciudad Monumental. Sin embargo, con ser esto importante no lo es todo, el deterioro que causan a los edificios y los excrementos que se acumulan en las aceras son motivos más que suficientes para tomar alguna medida. Una ciudad Patrimonio de la Humanidad no puede permitirse esa desidia.

El problema viene de lejos, en el 2017 en el Pleno del Mayor, varias asociaciones, cansadas de sufrirlas, solicitaron medidas para reducir su presencia. Sin embargo desde que se han reservado los mechinales y huecos que se conservan en los edificios antiguos para los cernícalos primilla, ave estrella de la ciudad, su presencia se ha hecho aún más visible, llenado tejados, azoteas, balcones y cualquier repisa en las fachadas, defecando sobre las paredes antiguas cuando no en pleno vuelo sobre nuestras cabezas. Cada ejemplar produce 12 kilos de excrementos al año, así que multipliquen y pónganse a resguardo cuando paseen por el casco antiguo, para que no le estampen una inoportuna deposición.