Orden en Cáceres para precintar los pozos peligrosos abandonados de Aldea Moret

Agujero peligroso en el edificio de la mina La Esmeralda. :: L. CORDERO/
Agujero peligroso en el edificio de la mina La Esmeralda. :: L. CORDERO

Alguno está mal cerrado, como el de la mina de La Esmeralda, en donde hace años murió un joven al caer a una de las galerías

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

Ayer por la mañana Valentín Pacheco, concejal de Urbanismo y teniente de alcalde, firmó la orden de precintar los pozos peligrosos en Aldea Moret. Ahora será la patrulla verde de la Policía Local la encargada de controlar que está zona no suponga un peligro.

Ante el caso de la muerte en un pozo de Málaga del niño Julen, el Diario HOY realizó un reportaje, publicado el pasado 23 de enero, para ver si había situaciones de peligro en la zona de las minas abandonadas de Aldea Moret, en donde hacía años habían muerto un niño de ocho años y un joven de 17 años.

Este medio de comunicación pudo comprobar que en la mina de La Esmeralda, muy cercana a la Urbanización Ceres Golf, se había forzado la chapa que tapa el pozo de la mina, dejando al descubierto el agujero, por donde se podía colar fácilmente un niño al tener más de dos cuartas de ancho. Al tirar una piedra, se tardó cuatro segundos en escuchar el ruido del agua que hay en la mina. Lo que supone unos 40 metros de caída hasta el agua, según algunos entendidos.

En este mismo lugar es donde el 17 de febrero de 1984 perdió la vida un joven madrileño de 17 años: Francisco Isidro Ruiz. El joven estaba haciendo el servicio militar obligatorio en el cercano cuartel Santa Ana, y con otros dos compañeros estaba inspeccionando la mina. Los tres bajaron por una escalera oxidada adosada a un lateral de una galería que tenía 100 metros de profundidad. Francisco pisó un peldaño en mal estado y al romperse cayó al interior de la mina. Después de golpearse en los laterales cayó en el agua, que tenía una profundidad de 50 metros. El cuerpo fue encontrado al día siguiente a 25 metros de profundidad.

Vecinos de Aldea Moret señalaban que había otras zonas peligrosas, como la llamada 'boca del lobo', que es la entrada a una galería abierta que está cerca de la mina 'San Salvador', popularmente conocida por 'El Torreón' por la forma del edificio de la mina. Precisamente esa mina es en la que se murió un niño de 8 años en diciembre de 1975. El niño se llamaba José Ignacio Alcón Clemente. Desapareció la tarde del 12 de diciembre y no fue encontrado en el fondo del pozo hasta tres días después. La cavidad tenía una profundidad de 90 metros. Ese pozo está en la actualidad bien precintado.

El mismo día en el que se publicó el reportaje, el Ayuntamiento de Cáceres anunció que había encargado a la brigada verde de la Policía Local un informe sobre la situación de Las Minas en Aldea Moret. Indicó que en función del resultado, determinaría las posibles medidas a tomar ante los pozos que se encuentran sin sellar o con los cierres que se colocaron hace años deteriorados.

Se trataba exactamente del mismo protocolo que el gobierno local ha seguido en el paraje de Valdeflores, donde según anunció a mediados de enero, iba a precintar y señalizar los pozos abandonados que se encontraban abiertos y accesibles. Esa situación de peligro la había denunciado la plataforma Salvemos la Montaña, que localizó al menos ocho cavidades peligrosas en ese paraje. También entonces el Ayuntamiento envió a la brigada verde para que analizara la situación y emitiera un informe, en el que se ha basado para decidir precintar y señalizar las perforaciones.

Según indicó ayer al Diario HOY, el concejal de Seguridad Ciudadana Rafael Mateos, la Policía Local ya ha precintado los pozos en Valdeflores. En el caso de los que están activos, se ha indicado a los propietarios que los cierren.

Sobre la situación de peligro en las minas de Aldea Moret, la Junta de Extremadura, la Consejería de Infraestructuras a la que se encuentra adscrita la Dirección General de Industria, Energía y Minas, ha indicado que «la autoridad minera actúa de manera subsidiaria cuando detecta labores subterráneas abandonadas que resultan peligrosas, tal y como hizo en esta zona en 2015».

Se refería al sellado y reforzado de muros que la Junta realizó ese año en las minas La Esmerada y San Salvador, unos trabajos en los que invirtió 69.000 euros. Para entonces la Junta ya había colocado en la zona carteles en los que avisaba del peligro de las minas abandonadas.