12 de octubre

12 de octubre
ESTEBAN CORTIJO

Reconozco que según el entender más común estoy equivocado. Veamos.

Ahora se pueden encontrar libros y artículos dedicados a recuperar el buen nombre de España, dejando la palabra estado y otros eufemismos para los textos legales, pero no veo lo mismo referido a Extremadura, cuando gran parte del protagonismo en esa recuperación nacional nos correspondería a nosotros. Y no solo a conquistadores, ya guerreros ya frailes, sino a miles de paisanos que buscaron otras circunstancias más benignas en América dejando aquí el vasallaje y la pobreza, aún a riesgo de perder la vida. Ya sabemos que, a pesar de sus parientes menos decididos, se fue vaciando el país.

Pues bien, reconozco que soy uno de aquellos a quienes las encendidas páginas de 'Extremadura. La fantasía heroica' le abrieron una puerta a otra idea de su patria chica. Era un grueso volumen de pasta dura y blanca que yo tenía forrado de plástico transparente. Su autor era ese fecundo escritos y periodista nacido aquí al lado, en las Casas de Don Antonio, y se llamaba Pedro de Lorenzo.

Leí esa fantasía en 1971, diez años después de haber sido publicada, en uno de los momentos más complicados de mi vida, recién llegado a Madrid. Lo poco que entonces conocía yo de mi tierra cobró un brillo especial y me impulsó a escribir algo dedicado a lo más extremo de nuestra Extremadura: las Hurdes. Sigue siendo uno de los dos poemas que he publicado y se lo dediqué «A Pedro de Lorenzo, extremeño», pero no me atreví a devolverle la llamada.

Me alegra añadir que por donde he ido nunca he ocultado mi origen y, los americanos en particular, siempre me han tratado con deferencia al decirles que nací en Cañamero, justo en el ángulo que cierra el triángulo de Trujillo y Medellín en Guadalupe. Por poco que sepan suelen mostrar cierta admiración porque no es Extremadura un lugar cualquiera.

Por cierto, actualmente el 12 de octubre brilla mucho más la virgen del Pilar que la de Guadalupe, despojada para vestir a otras, y la Hispanidad y el imperio generan fobias de todo tipo. No exagero, es verdad, pura decadencia, pues conocemos a Nelson y otros piratas del Caribe mejor que a Orellana o Cortés (o al almirante vasco Blas de Lezo, por no mencionar solo a paisanos, que en 1741 con solo seis barcos hizo huir a 195 navíos ingleses). Es como si la historia estuviera escrita con mentiras hilvanadas por el odio. Los historiadores tienen mucho trabajo.