La Madrila resuelve sus problemas de ruido mientras decae el ocio nocturno

Inmaculada Cordero ha sido testigo desde su ventana de los años fuertes de La Madrila, que afronta una etapa más tranquila. :: l. cordero/
Inmaculada Cordero ha sido testigo desde su ventana de los años fuertes de La Madrila, que afronta una etapa más tranquila. :: l. cordero

Los vecinos de la Plaza de Albatros confirman que las molestias han disminuido radicalmente en relación a los años más conflictivos

CRISTINA NÚÑEZ CÁCERES.

Inmaculada Cordero vive en el que durante años fue el epicentro de la marcha en La Madrila. Su piso tiene vistas a la calle Doctor Fleming y a la plaza de Albatros, que durante décadas agrupó el mayor número de locales nocturnos de la ciudad. «Estoy ya no es lo mismo», afirma. La Madrila lleva a sus espaldas una atribulada historia con un denominador común: el ruido y la marcha. La alcaldesa de Cáceres, Elena Nevado, aseguró el pasado lunes que los ruidos de La Madrila «han dejado de ser un problema para la ciudad». La solución, dijo, la adaptación de los locales a la normativa.

Los vecinos de esta zona tienen percepciones parecidas a las de la alcaldesa. Para Inmaculada Cordero, de 76 años, La Madrila «está parada». Dice que desde hace unos años ella percibe el barrio desolado. «A mí me gusta que la gente se divierta», asegura a sabiendas de que su postura no es la más común entre el vecindario, que disfruta del silencio de la zona. Inmaculada es presidenta de la asociación de Mayores de Peña del Cura. Es de naturaleza activa y de acostarse tarde, según reconoce. «A mí no me vibraba la casa ni lo viví de forma problemática, creo que esto ha perdido mucho». Señala que los jueves hay más movimiento.

La sensación de otros vecinos consultados es parecida en cuanto a que la barriada es más tranquila, pero apuntan a que todavía perdura su espíritu nocturno. Laura García Cervera tiene 33 años y lleva siete en el número 1 de Hernán Cortés, que también da a Albatros. «Yo tengo doble ventana, pero en verano si abres tienes ruido, pero el problema no son los bares sino la gente, la hora clave son de cinco a seis de la mañana, yo he llegado a ver a gente con cajas flamencas ahí tocando», explica. Eso sí, este relato nada tiene que ver con lo que le cuenta su marido, que sí habitó los años salvajes de La Madrila. Laura interpreta que el hecho de que la marcha se haya movido hacia Pizarro también ha dejado a medio gas esta área. Otra vecina del mismo bloque también indica que es el momento más tranquilo para esta zona de la ciudad. «Llevo 45 años aquí, hemos visto de todo, hasta a los Geos, ha cambiado mucho la cosa, los jueves y los viernes son los días en los que puede haber un poco más de jaleo, pero nada tiene que ver con lo que vivimos algunos años», indica Nicol Tovar.

«El problema no son los bares sino la gente, he llegado a ver hasta cajas flamencas»

«El problema no son los bares sino la gente, he llegado a ver hasta cajas flamencas» Laura García | Vecina

«Hay muchos menos bares en la zona, en tiempos llegó a haber más de 30»

«Hay muchos menos bares en la zona, en tiempos llegó a haber más de 30» Miguel Salazar | Vecino

Miguel Salazar ofrece una instantánea parecida. «Los ruidos están dentro de los parámetros tolerables, hay algunos focos, pero ya fuera de La Madrila», indica este histórico líder vecinal. Las claves han sido la insonorización y el hecho de que el público llegue en un número más moderado, indica Salazar. «La única queja de los vecinos es ahora el personal que sale a la calle a tomarse la caña con el cigarro en la mano, pero más en La Madrila Alta». Otro elemento que hay que tener en cuenta es que el número de locales ha disminuido. «Había un bar cada cuatro o cinco metros, llegó a haber 30 bares, el número ha disminuido mucho».

El 12 de marzo de 2012 la justicia decidió clausurar ocho locales en la Madrila como consecuencia de la investigación por contaminación acústica. Los ruidos de La Madrila llegaron a los juzgados, un caso por el que resultaron condenados 11 hosteleros (pendientes de indulto) y dos políticos.

Menos bares

En la Plaza de Albatros hay ocho bares en funcionamiento. Velvet y Deja Vú están cerrados temporalmente por las obras en el forjado de los sótanos edificio de Hernán Cortés 1. Tras siete meses desde que fueron precintados, Juan Miguel Olmeda espera que antes de Semana Santa puedan reabrir. Aprovechan también para poner a punto su local. Acerca de la disminución del ocio nocturno en la zona Olmeda considera que no hay motivos para el alarmismo, pese a que sí que cree que el cierre masivo de bares hizo daño al ambiente de la zona. «En los últimos meses he estado fuera, pero yo hasta el 29 de agosto de 2018 había hecho mejores números que el año anterior», indica. «Los negocios funcionan».

Emilio Cabreros es el gerente de Ivahoe, también en la Plaza de Albatros. Él considera que la reducción de público de La Madrila no se debe a que el público se haya ido a otras zonas ni que ésta haya perdido el pulso fiestero, sino a que «no hay gente para tantos locales, nosotros cerramos a las cuatro y media de la mañana y no hay más bares por ahí». «El público ha bajado desde la crisis a esta parte, los locales funcionan, se han adaptado, ya no se deja beber en la calle e intentamos hacer las cosas bien», indica este empresario. «No se van a abrir más locales porque no hay gente para ello, Cáceres tiene la población que tiene y mucha gente además se va fuera», indica. «No hay más evolución que la que tenemos, también hay menos estudiantes». De todos modos, no cree que el ocio haya cambiado tanto que la gente deje de salir a los bares, esos templos de la noche.