Andrés Rábago, 'El Roto': «Nunca fui consciente de los problemas de la censura, dibujé como si no existiera»

Andrés Rábago, 'El Roto' habló de sus labores como dibujante satírico en la época franquista. /A. Méndez
Andrés Rábago, 'El Roto' habló de sus labores como dibujante satírico en la época franquista. / A. Méndez

El viñetista asistió ayer a un congreso en Cáceres en el que se abordaron las cortapisas a la libertad durante el franquismo

Cristina Núñez
CRISTINA NÚÑEZCáceres

Su viñetas son todo un bofetón al sistema y también a la mediocridad de las actitudes individuales. Andrés Rábago, 'El Roto', lleva toda la vida haciendo sátira con sus trazos. Durante años tuvo que lidiar con la censura franquista. En aquellos tiempos publicaba con el seudónimo de Ops en Hermano Lobo, La Codorniz, Triunfo o Madriz. El apelativo de 'El Roto' llegó con la democracia, cuando publicó en varios medios como El País, en donde sigue lanzando sus reflexiones de tinta, tan sintéticas como implacables. El dibujante participó ayer en el congreso internacional 'La censura cultural en el franquismo', una cita que se celebró en la Facultad del Profesorado de Cáceres y que contó con destacados intelectuales como Víctor Márquez Reviriego, Lidia Falcón o Cristina Vizcaíno.

-Hablamos de la censura franquista en un momento en el que el tema está candente.

-Para empezar diría que a Franco no se le puede sacar del Valle de los Caídos porque Franco murió hace tiempo. Si decimos que vamos a sacar a Franco del Valle de los Caídos significa que Franco está aún vivo y Franco murió hace mucho tiempo aunque gente que todavía tiene ideas como las que tuvo él. Habría que decir sacar sus restos, la precisión en el lenguaje es básica, y hay bastante imprecisión en el lenguaje periodístico.

«No me dirijo a un lector en concreto, me expreso como un ciudadano de mi época»

-¿Considera que es un asunto pendiente?

-Por supuesto, pero es algo más que un asunto pendiente, es una auténtica vergüenza que todavía se mantengan ahí los restos de un dictador sanguinario como fue Franco y que nadie se haya atrevido a sacarlos.

-¿Cómo se conseguía sortear la censura en aquella época?

-La máxima censura es aquella en la que no eres ni capaz de pensar algo, es a partir de ahí en donde empieza a aplicarse la censura externa, ese es el núcleo interno y profundo de la censura. Luego hay autocensura que es la que tú mismo practicas cuando crees que algo que estás haciendo rompe unos límites establecidos o por el poder o por los intereses políticos y económicos o religiosos. Y luego existe la censura propiamente dicha que es cuando algo que se intenta publicar no pasa los filtros establecidos. Yo no sé cómo lo hicieron los demás, mi posición ha sido siempre entender que la censura no existe. ¿De qué manera lo hice? Buscando un tipo de lenguaje comprensible pero en el que era muy difícil establecer unas referencias directas a las cosas. Yo practiqué un lenguaje simbólico, casi jeroglífico, en el que el autor completaba lo que estaba ahí o traducía lo que estaba siendo dicho. Ops no utilizaba palabras. Yo aproveché lo simbólico para decir cosas que estaban muy claras pero que tenían que ser interpretadas.

-¿Algún problema concreto?

-Sí, siempre ha habido problemas, pero han sido anécdotas. Sí que es cierto que hubo un juicio militar por un dibujo de La Codorniz y se retiró la revista Triunfo por una portada, hubo algunos otros problemillas de los que nunca fui consciente porque no llegaron a sustanciarse. Yo no dibujaba para la censura y no la tenía en cuenta.

-¿Y ahora? Sus viñetas son un puñetazo al sistema: anticapitalistas, antibelicistas... ¿Alguien le ha mostrado su incomodidad?

-Yo no suelo hablar con los lectores, ellos son libres de rechazar, de no mirar o de aceptar, es la libertad del lector, pero debo decir que yo no me dirijo a un lector en concreto. Yo me expreso como un ciudadano de mi época intentando reflejar lo que yo percibo y cómo veo las cosas. Al estar en un medio público no se trata de insultar por insultar.

-Y además de en el sistema, también mete el dedo en actitudes individuales no muy éticas pero muy extendidas.

-Sí, en el aspecto moralista, en el de decir esto está mal hecho, esto es indecente, por aquí no vamos a ningún lado. Es mantener la dignidad del hombre, mantener que al menos mucha gente sigue siendo digna y aquellos que no lo son tienen un lugar en el que mirarse.