Los nuevos Macgyver

JOAQUÍN FLORIANO

No. No voy a referirme al famoso Angus MacGyver, aquel singular héroe televisivo de los ochenta, a la sazón: soldado, electricista, mecánico, experto en explosivos, piloto, espía, químico..., un 'todo en uno' que salía de cualquier apuro gracias a su navaja suiza, su chicle, cinta americana y un simple clip. No. Tampoco voy a referirme a los famosos 'cuñaos', imitadores del anterior y verdaderos 'manitas patrios' de los que disfrutamos, o quizás sufrimos, en nuestras respectivas familias, y que lo mismo nos cuelgan un cuadro que, al final, nos tienen que enyesar, lucir y pintar la pared víctima de su apaño.

Me estoy refiriendo a otro tipo de MacGyver. Concretamente al descabezado, descolocado o defenestrado político 'multicolor' que, apartado generalmente de su centro de poder por decisión de los ciudadanos, expresada libremente en elecciones, es rescatado por su aparato político y recolocado en otro centro de poder, a saber y según la importancia del susodicho: la Asamblea o, en su culmen, el Senado.

Da igual lo nefasto que haya sido, las elecciones que haya perdido, o si ya no goza de la simpatía ciudadana. Por el noble arte de 'birlibirloque' adquiere, repentinamente, una supuesta inteligencia superior y amplios conocimientos técnicos que, al parecer, le hacen entender y ser 'magister' de cualquier cosa o materia, siempre que sea bien remunerada a costa del erario y del sufrimiento público, claro está.

Si bien Agnus significaba una mezcla equilibrada de talento y esfuerzo, serenidad e inquietud y aprecio por lo más pequeño para lograr cosas grandes; y alguien que nos enseñó que no es malo ser un ciudadano más, aunque sepas que podrías dominar el mundo con un simple clip. Los nuevos MacGyver, por el contrario, nos enseñan que lo importante no es saber sino estar a cualquier precio, incluido el de la desvergüenza de ser un claro y mal ejemplo para todos. Si, ya sé que les da igual. Por eso ellos viven en el 'país de los sueños' y nosotros en el cuento de 'nunca acabar'.