Jesús Usón Gargallo: «En el momento en que deje de soñar... me retiro, lo dejo»

Usón junto al cuadro de Estanislao García 'Clase de Anatomía' en donde figura él con colaboradores. /Armando Méndez
Usón junto al cuadro de Estanislao García 'Clase de Anatomía' en donde figura él con colaboradores. / Armando Méndez

Con 72 años, a las siete y media de la mañana ya está trabajando en el Centro de Cirugía de Mínima Invasión

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

A las ocho de la tarde de este viernes, el Ateneo de Cáceres rendirá homenaje a Jesús Usón Gargallo. La institución nombrará socio de honor a este investigador que en 1986 dejó su tierra, Aragón, para cumplir su sueño en Cáceres: crear el Centro de Cirugía de Mínima Invasión (CCMI). Allí estaba hoy trabajando desde las siete y media de la mañana, como todos los días.

–Al entrar en este Centro extraña ver tantas personas, la mayoría jovenes. ¿Cuánta gente trabaja aquí?

–Creo que en este momento estamos trabajando unas 83 personas, y además hay tres empresas subcontratadas: seguridad, limpieza y la que lleva la residencia que tenemos de 15 habitaciones junto la cafetería. También hay empresas que están ubicadas aquí. En total, creo que ahora estamos trabajando en el Centro unas 130 personas.

–El CCMI, cuyo origen está en unas humildes cochiqueras, se inauguró en 1995 con 2.500 metros cuadrados y se reinauguró en 2007 con 20.200 metros cuadrados. ¿Cuál es su futuro?

–Su futuro depende en gran medida del desarrollo que se haga por parte de la dirección, y su base es el staff, que es muy joven. Este centro es una suma de médicos, de ingenieros, veterinarios, informáticos, diseñadores, farmacéuticos… es algo excepcional. En Europa no hay ni un centro como este. Esa suma de especialidades le da un nivel altísimo a la hora de plantear un proyecto de investigación o a la hora de hacer ensayos preclínicos antes de poner a punto medicamentos o instrumental, que luego se pone como operativos en los hospitales. Este centro tiene un gran futuro.

–¿Cuántos especialistas se han formado aquí desde su creación?

–Hasta hoy son 23.190 de 76 países del mundo, con una repercusión social en sanidad extraordinaria. Este año van a venir 2.250 profesionales y están, de media, tres días en Cáceres. Eso genera una inversión para esta ciudad de un millón cien mil euros en hoteles, restaurantes, taxis, regalos… Esto es un orgullo para todos los extremeños.

–Siempre habló de la importancia de tener proyectos, de soñar, de hacer cosas. ¿Sigue soñando?

–Sí. Una persona se mantiene con sueños. Tienes que estar constantemente creando porque la ciencia va a tal velocidad que lo que hoy es amarillo en poco tiempo es verde, azul o colorado. Nadie está en posesión del inmovilismo en la ciencia, eso es falso. Entonces un centro como este cambia constantemente y las personas que estamos aquí tenemos que estar continuamente estudiando y ver qué se puede aportar al colectivo social.

–Usted tenía un sueño que era la Ciudad de la Salud y la Innovación ¿Qué pasó con ese proyecto?

–Se aprobó por el gobierno extremeño en 2009, y en este momento está en stand by. España debe apostar por centros de ese tipo, porque el 40% del presupuesto anual en España se lo lleva el Ministerio de Sanidad. Cuando presenté el proyecto de la Ciudad de la Salud, tras el estudio de la gran laguna que tenemos en el sector de la biomedicina a nivel empresarial, se quería crear aquí un perimetrado de empresas con patentes, modelos de utilidad y diseños industriales para lo que se está consumiendo en centros sanitarios.

–¿Supuso mucho trabajo el proyecto?

–Hicimos un estudio a nivel mundial. Dos años trabajando. Un estudio de evolución económica para que este centro fuera una máquina tractora en posibilidad de investigación, en patentes, modelos de utilidad, y eso tiene que generar un mundo empresarial en biomedicina donde las empresas hagan aquí sus ensayos preclínicos, donde se prueben materiales, medicamentos...

–¿Piensa en jubilarse?

–Me jubilaré cuando ya no pueda trabajar. En el momento en que deje de soñar... me retiro, lo dejo.