La ministra visita a sus paisanos en Torremocha

Magdalena Valerio, cuarta por la izquierda, junto al alcalde. Sus padres, Juan y Claudia, están en ambas esquinas de la imagen. /
Magdalena Valerio, cuarta por la izquierda, junto al alcalde. Sus padres, Juan y Claudia, están en ambas esquinas de la imagen.

Magdalena Valerio se acercó a Torremocha a pasar unos días con sus padres, a quienes admira y debe «todo» lo que es, se sincera | La responsable de Trabajo paseó por las calles de su pueblo, tomó el aperitivo y repasó la actualidad política con el alcalde: «Le preocupa el tren y lo está moviendo»

Manuel M. Núñez
MANUEL M. NÚÑEZCáceres

Es ya de noche en Torremocha (850 vecinos, a unos 26 kilómetros de la capital por la EX-206). En las calles hay más ambiente que de costumbre y alrededor de dos sencillas mesas con algunos refrigerios se sienta un grupo de personas. Posan tranquilos, relajados y contentos. En las esquinas están Juan y Claudia. El primero tiene ya 86 años, aunque no los aparenta. La mujer suma 88, pero como si quiera demostrar que la edad va por dentro, se sigue ocupando cada mañana de las cosas de la casa, y de tener la comida a punto para cuando Juan, su marido, llega del campo.

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En la mesa del fondo hay otra mujer. Luce una sencilla camisa floreada y pantalón blanco. Su sonrisa es sincera, de esas que aparecen en los momentos más deseados. Y éste, para ella, posiblemente lo sea. Porque la mujer de la camisa floreada, morena, sonriente es la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio. Juan y Claudia son sus padres. El reencuentro se ha producido este verano, hace solo unos días en Torremocha, donde la presencia de la única extremeña que se sienta en el consejo de ministros que preside Pedro Sánchez no pasó desapercibida.

«Fue el último fin de semana de julio y estuvo unos días. No quería que se diese a conocer. Magdalena es una persona muy sencilla y nos pidió discreción», relata Alfonso Barroso, alcalde de la localidad y que hizo de anfitrión con sus compañeros de la Corporación. Junto a él y la propia ministra aparecen Francisco Javier Flores, el teniente de alcalde, y Francisco Palomino, el responsable municipal de Cultura.

Valerio con el equipo de Gobierno local, el alcalde, Alfonso Barroso, y los concejales Javier Flores y Francisco Palomino.
Valerio con el equipo de Gobierno local, el alcalde, Alfonso Barroso, y los concejales Javier Flores y Francisco Palomino.

Cuando los paisanos se cruzaban por la calle con la ministra no dejaban de saludarla, de estrecharle las manos, abrazarla y hacerse fotos. Las redes sociales dan fe de ello, incluido un grupo de Facebook de los torremochanos en el que se suceden sonrisas y abrazos con Magdalena Valerio «disfrutando en su Torremocha». «Fue muy emotivo. Charlar con ella, cambiar impresiones y tomar algo con sus padres, a los que vino a visitar», rememora Alfonso Barroso. Para el alcalde, solo queda esperar a que la agenda de Magdalena lo permita y haga una visita «en toda regla» con el homenaje que se merece incluido, afirma.

En las conversaciones entre edil y ministra queda el día a día político, su inquietud por los problemas del tren extremeño («Le preocupa la situación y lo está moviendo», dice el alcalde) o el convencimiento de que el Gobierno socialista «hará frente a los proyectos que tiene» y agotará la legislatura: «La vi tranquila», resume. La ministra torremochana ha aprovechado los últimos días de vacaciones para ponerse al día y responder mensajes. En una conversación informal con HOY pronuncia palabras emocionantes hacia sus padres, «personas estupendas y a ellos debo todo lo que soy», se sincera. «Para mí son un constante ejemplo», admite la mujer elegida para afrontar retos como el empleo y las pensiones.

Su preocupación es no defraudar las expectativas puestas en ella. Lleva dos meses de máxima intensidad, sin tiempo «ni de respirar». Volver a sus orígenes, a pasear por su Torremocha, al número 3 de la calle López Cruz, donde siguen viviendo Juan Valerio y Claudia Cordero, puede haber sido para la ministra de Trabajo el mejor tratamiento de choque contra el vértigo de la alta política. Sus paisanos ya esperan la próxima visita.

La ministra de Trabajo posa para la foto ante el Ayuntamiento. No quiso anunciar su llegada, pero todos la reconocieron.
La ministra de Trabajo posa para la foto ante el Ayuntamiento. No quiso anunciar su llegada, pero todos la reconocieron.

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