Mejostilla Skatepark

MARCELO SÁNCHEZ-ORO

Con frecuencia se confunde el hormigón con la educación. Un buen equipamiento es condición necesaria, pero no imprescindible para la formación y el aprendizaje. Todos sabemos que lo que mejor contribuye a formar jóvenes responsables, honestos y comprometidos con ellos mismos y con la sociedad pasa por referentes adecuados y por un equipo de educadores motivado y competente. En mi barrio han ampliado y aseado la pista de skate. Ahora se denomina 'Mejostilla Skatepark'. Pese a lo cual no deja de ser un equipamiento lúdico desubicado, incluso inhóspito. También peligroso. En medio de una parcela rodeado de nada, parece un barco varado. Tiene éxito. Las prácticas lúdicas, en esta pista de hormigón y acero, las llevan a cabo desde niños (niñas no hay apenas) de 5 o 6 años, hasta talludos jovencitos y no tan jóvenes. Sin embargo, para gente poco avisada, como es mi caso, parece una práctica de riesgo. No he visto ningún 'manual de uso', como si hay en los toboganes y columpios, pongamos por caso. La protección, más bien auto-protección, si la hay queda en manos de lo que buenamente cada cual quiera ponerse. Los saltos, contorsiones y equilibrios sumamente arraigados, se antojan como una especie de salto al vacío sin red. La habilidad y la rivalidad entre los jóvenes skaters, es la base de la integración social en este círculo. Los líderes emergen de entre los más osados. La pregunta que inmediatamente surge es si la responsabilidad pública finaliza una vez concluida la obra de esta instalación. La respuesta, por supuesto, es no. Algo más alejado hay pistas deportivas y también una casa de apuestas, y bares. La pista de skate solo tiene sentido si se acompaña de un plan de apoyo y animación socioeducativa conducido por profesionales. No vale con renovarla y adecentarla en cada nuevo proceso electoral.