Lápidas romanas y rimas de amor en la Ciudad Monumental de Cáceres

Puerta de Mérida, a la izquierda está la lápida romana. /L. Cordero
Puerta de Mérida, a la izquierda está la lápida romana. / L. Cordero

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

Entre los libros que heredé del periodista Sanjosé hay uno curioso. Es una obra publicada por el Museo de Cáceres, firmada por Antonio Rodríguez González, que se titula: ‘Paseo epigráfico por el Casco Antiguo de Cáceres’.

El libro anima al lector a hacer un recorrido por la Ciudad Monumental para ver las 16 inscripciones latinas que hay en su interior, bloques de piedra tallados que adornan jardines o fueron usados para levantar las fachadas de los palacios. Muchos llevamos años pasando junto a ellos sin reparar en su importancia. Dice el autor del libro, que Extremadura es una de las comunidades más rica en hallazgos epigráficos: más de 1.400, albergando el Museo de Cáceres 125 inscripciones.

El pasado jueves, por la tarde, decidí seguir el recorrido que propone el interesante libro. La inscripción número 1 se encuentra en la Puerta de Mérida, en la esquina de la casa número 8 de la Plazuela de Santa Clara, debajo de una hornacina con una desproporcionada imagen de Jesús Nazareno. La lápida, traducida, dice: «Quinto Cecilio Ávito, hijo de Sexto, de 35 años, aquí yace. Séate la tierra leve». Se desconoce dónde se halló.

Arriba, estela del Parador y su grafía; abajo a la izquierda, lápida en los Golfines de Abajo; y a la derecha, portada del libro de Antonio Rodríguez. :: / Antonio Rodríguez / L. C.

La 2ª es una hermosa estela, muy bien conservada, que se encuentra en el interior del Parador de Turismo, en un habitáculo que está a la derecha del mostrador de recepción. Quizás esta joya de piedra, que tiene grabada una flor redonda de seis pétalos, debiera estar más visible. La inscripción dice: «Lucio Julio Verna, liberto de Rufo, aquí yace. Séate la tierra leve. Lucio Julio, liberto de Máximo, se ocupó de hacer (este monumento)». Fue encontrada en Torreorgaz.

La número 3 está empotrada en la fachada del Museo de Cáceres, a la izquierda de la puerta de entrada. Se ignora su procedencia. Siempre según Antonio Rodríguez, la traducción de la lápida es: «Herenia Severa, hija de Cayo, de 65 años, aquí yace. Séate la tierra leve. Cayo (...)».

En el restaurante Torre de Sande, el que cuida el pavo real Curro, hay siete vestigios romanos. Son casi la mitad de los que hay en la Ciudad Monumental. En la fachada hay dos inscripciones funerarias. La número 4 dice: «A Quinto Norbano Capitón, hijo de Quinto, edil y duoviro. Su hermana Sulpicia Fausta y su esposa Julia Quintilla». Ésta se encontró en el barrio de San Antonio de Cáceres. La otra, la número 5 es una estela que dice: «Marco Accio Crescens, de 60 años, aquí yace. Séate la tierra leve. Cayo Currio Privado, con su dinero, se ocupó de hacerlo». Se encontró en el siglo XVIII en la ermita del Espíritu Santo.

Ara romana en Torre de Sande. ::
Ara romana en Torre de Sande. :: / L.C.

En el patio del restaurante están las otras cinco. Una estela (La número 6 en el libro) hallada en la Huerta del Conde, enfrente del barrio del Espíritu Santo, dice : «Lucio Magio Tirón, hijo de Lucio, aquí enterrado». La estela número 7, también encontrada en la Huerta del Conde, dice:«Lucio Gavio Scodrino, de 50 años, aquí yace (...)». La número 8, que no se sabe de donde procede, reza: «Quinto Teyo Paterno, hijo de Cayo, de 16 años, aquí yace. Séate la tierra leve». Se encuentra en el mismo patio otra estela, hallada por Tomás Pulido en 1941, muy cerca de la estación de Arroyo-Malpartida, que dice: «A los dioses Manes. Cilea, hija de Tancino, de 50 años, aquí yace. Séate la tierra leve. Ambato y Boutia (...), sus hijos, procuraron hacerlo».

La piedra labrada más valiosa del Torre de Sande es un ara de granito que fue encontrada a 25 kilómetros de Cáceres, al pie de la Sierra de San Pedro. Tiene un toro labrado, por lo que Carlos Callejo dijo que el altar podía estar dedicado a Iupiter Taurus. De lo grabado se entiende, «(...) donó y puso a Júpiter Optimo Máximo».

El número 11 es un ara que está en el patio de la Casa del Sol, de cuyas letras grabadas sólo se entiende: «Pellio, hijo de Boutio (...)». No lo pude ver el jueves al estar la Casa del Sol cerrada.

En el restaurante Torre de Sande hay siete vestigios. ::
En el restaurante Torre de Sande hay siete vestigios. :: / L. C.

La número 12 es una estela ubicada junto a una ventana de la fachada del palacio de los Golfines de Arriba. Está muy gastada y sólo se adivina que el muerto tenía 85 años. También está en mal estado lo que parece el resto de un altar, que se encuentra a la izquierda de la puerta del número 9 de la Cuesta de Aldana.

La lápida que está en muy buen estado es la número 14, que está empotrada en la fachada del palacio de los Golfines de Abajo, en la torre de la izquierda que está pegada al edificio de la sede de Diputación. La inscripción significan:«Gayo Julio Rusoco, de 60 años, aquí enterrado. Séate la tierra leve».

La número 15 está detrás del palacio de Toledo-Moctezuma, en la base de una torre romana a la que no se tiene acceso, al impedirlo una verja. Es una estela partida a la mitad, en donde la inscripción está incompleta. La última, la número 16, es una estela empotrada bajo el Arco del Socorro, en la que sólo se puede leer «Publio Trebio, hijo de Cayo».

Aquí termina el libro, pero me sorprendió que en la última página, originariamente en blanco, había escrito este poema, con la letra de Sanjosé:

«Hoy te dedico mis versos,/ porque me he dado cuenta/ de que eres la única que me amas,/ la única que nunca me dejas./ Porque me he dado cuenta/ de que eres mi fiel compañera,/ mi sombra eterna».

«Te dedico mis versos/ porque quiero verte contenta,/ porque espero que, al menos tú,/ te quedes conmigo./ Porque… no quiero quedarme solo./ Por lo menos que tenga/ tu sincera presencia».

«Sí. Hoy te dedico mis versos a ti… soledad. / Para que te des cuenta/ de que casi llevamos juntos toda una vida./ Te los dedico para pedirte,/ cual ferviente Romeo,/ que, por favor, no me abandones…/ porque tú eres lo único que tengo.»

Atardecía. Los últimos rayos de sol alumbraban la cúpula del Palacio de Moctezuma, y sonreí al recordar el característico humor negro del viejo periodista, del que no sé si te dije que su mujer le abandonó tras morirse su único hijo; y sí... se quedó con su soledad.

Hay que ver los secretos que guardan los libros.

Dentro del Arco del Socorro hay una estela. ::
Dentro del Arco del Socorro hay una estela. :: / LORENZO CORDERO

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