La Junta amplía las pruebas científicas en las grutas de la zona del Carrucho

Las grutas cuentan con espectaculares formas en su interior. :: hoy/
Las grutas cuentan con espectaculares formas en su interior. :: hoy

Concluido el sondeo de georradar, se han realizado también ensayos tomográficos y sísimicos, entre otros

C. NÚÑEZ

Los estudios de las grutas de origen kárstico halladas a mediados del mes de marzo entre la Charca Musia y la carretera de Trujillo N-521 se han ampliado para determinar con más fiabilidad las condiciones físicas de estas cuevas, que se encontraron en el transcurso de las obras de la Ronda Sureste. Según se informa desde la consejería de Fomento, «el sondeo de georradar ya está ejecutado y a la espera de los resultados». Tras la asesoría de los especialistas «se decició ejecutar otra serie de ensayos o estudios que nos permitieran conocer con certeza el estado del subsuelo y su calidad». Para ello se han realizado estudios de tomografía sísmica, de tipo geotécnico y geológico, que se darán a conocer próximamente. Fomento reconoce que son pruebas «dificultosas» y que, al ser de distinto tipo, tienen que unificarse para exponer conclusiones comunes. Uno de los asuntos que están pendientes es la datación de esta cueva.

Desde el pasado 19 de marzo, que se llevó a cabo una visita técnica en la que se dieron algunos datos más sobre estas dos grutas, no se ha vuelto a aportar más información, aunque parece no haber dudas sobre su interés geológico. La primera cueva consta de una profundidad de tres metros y medio y un espacio principal de más de diez. Está llena de llamativas estalactitas y estalagmitas. En la segunda hay más galerías y en ella se han encontrado algunos restos óseos y un resto lítico, un canto trabajado.

Tras el descubrimiento de estos espacios hubo unanimidad sobre la importancia del hallazgo, que aporta otro importante punto de interés al Calerizo cacereño, que cuenta con las cuevas de Maltravieso, de Santa Ana y del Conejar. Juntas trazan un interesante recorrido, con un extenso arco temporal que arranca desdelos 300.000 años de antigüedad de la cueva de Maltravieso (con pinturas datadas en hace 66.000 años) hasta la franja del Conejar, de 33.000 a 9.000, que da cuenta del trascendental tránsito que experimentó el ser humano del nomadismo al sedentarismo.