A Julián Rodríguez, desde el corazón

JOSÉ POLO

Al llegar a casa en este día frío, oscuro y gris para mi corazón, lo primero que veo al sentarme es un montón de libros que me diste la ultima vez que nos vimos, un día de correcciones. Es curioso y dice mucho de ti que siembre regalabas libros a cualquier hora y en cualquier lugar sin necesidad de ser un cumpleaños, San Jorge o el día de Reyes.

Al volver la vista atrás te recuerdo en el salón de té de la avenida de España, cuando un chico vestido de negro absoluto entraba y nos pedía una botella de cava, que era algo inusual, lo mismo que lo eras tú, Julián, en esos años 80 que acabábamos en entrar en el mercado común y que veníamos de una época difícil que aun seguimos sin cicatrizar. Después abriste tu bar en Cáceres, la Torre de Babel, cómo no al igual que tú, un sitio único y muy diferente, un sitio de encuentro, de palabra de música, de arte.

Te perdí la pista hasta no recuerdo cuándo, que entraste de lleno en nuestras vidas.

Eres un hombre del renacimiento, algo que en estos tiempos es difícil de encontrar. Escribes, editas, publica revistas, haces exposiciones. Abres galerías de arte, y todo lo haces con rigor, entusiasmo, inteligencia, cariño, mucho cariño, y con una generosidad que abruma.

Hoy es un día triste para Extremadura, esta tierra tuya y mía, esta tierra nuestra tan dura, tan difícil, tan seca. Hoy, como dice nuestro amigo José María, es un día triste porque no hay muchas cabezas como la tuya, cargadas de tanta inteligencia, de tanta sabiduría, pero sobre todo, Julián, de tanta bondad.

Te echaremos de menos. Quién nos hará los libros, con quién tendremos esas discusiones serenas sobre Extremadura, quién moderará nuestras conversaciones como lo hiciste tú con Adriá la ultima vez que estuvo aquí.

Por suerte, un poco de ti nos queda en el ultimo trozo de vida que nos regalaste con esas conversaciones maravillosas con Adriá, Moneo y Rodríguez.

Mientras viva, estarás en nuestros corazones.