Inmovilismo ecologista

Inmovilismo ecologista
MARCELO SÁNCHEZ ORO

Si algo diferencia al siglo XXI del precedente, es el cambio que se ha producido en la relevancia política e histórica de algunos actores sociales. Antes, en plena expansión del industrialismo, el movimiento obrero, con su bien nutrida red de sindicatos y partidos políticos, fue el actor principal del cambio hacia una sociedad que demandaba progreso social, justicia y equidad; tanto en su dinámica cotidiana y como en la lógica del armazón institucional, aún dentro del sistema capitalista. Hoy, el paradigma ha mutado de forma radical, y lamento no tener espacio aquí para extenderme en sus causas. El movimiento feminista y el ecologista son ahora los protagonistas. Si bien, a mi modo de ver, el primero comparte en lo esencial 'la hoja de ruta' de los movimientos transformadores del siglo XX; no estoy tan seguro de que ocurra lo mismo con el movimiento ecologista, o al menos con algunas derivadas del mismo. No al menos en lo que concierne a Extremadura y a Cáceres. Nunca estuve seguro de que fuese posible trasladar, si más, los objetivos del movimiento antinuclear alemán al Campo Arañuelo. Y cada vez veo más claro que oponerse, por sistema, a la explotación de los recursos mineros de algunas zonas de Extremadura, es un error estratégico que ya estamos pagando, en especial nuestros hijos. Lo mismo ocurre con la proyectada demolición de la urbanización 'La Isla de Valdecañas'. El desarrollo sostenible lo es porque articula las dimensiones social, ecológica y económica, ¿es admisible que todo se supedite sólo a uno de los tres vectores de este modelo en la Extremadura actual?

Hay movimientos sociales que en su intento de transponer esquemas de los países centrales del sistema a un entorno rural, periférico y relativamente atrasado, logran mantener a ese territorio en el bucle del atraso y la dependencia.