Good bye

SERAFÍN MARTÍN NIETO

'Good Bye, Lenin' es una mítica película del cine alemán, rodada en 2003 por Wolfgang Becker. Narra las tribulaciones de una mujer alemana del Este que, tras varios meses en coma, despierta en una Alemania diametralmente diferente: el Muro de Berlín ha caído, la República Democrática se ha desvanecido y el país se ha reunificado. Pero su hijo y su entorno tratarán de ocultarle la nueva coyuntura, aislándola en una especie de santuario del pasado. Sin embargo, a pesar de todos estos subterfugios, logrará percatarse de la realidad.

Algo así nos ha sucedido a muchos cacereños, pero al revés. Nos acostamos con una ciudad ilusionada, en ebullición, durante el mandato de Carmen Heras, llena de proyectos, aunque algunos los ha pagado muy caro personalmente; y nos levantamos total retro, como si hubiésemos regresado a aquella ciudad levítica y clasista de los años 60, anterior a la implantación de la Universidad.

De la ciudad de los proyectos a la de la inercia, por mucho que en estos meses previos a las elecciones hayan sido relanzados algunos que llevaban años durmiendo el sueño de los justos, como el de la plaza de San Juan.

Y si queremos tener una ciudad como Dios manda, un grupo de vecinos, con su propio sudor, cual dúa medieval, decidió suplir el trabajo por el que debería velar el equipo de gobierno, administrador de nuestros impuestos. Ejemplo de ello, ha sido la limpieza de la emblemática Fuente Concejo. La iniciativa parece que ha gustado, pues, desde la propia alcaldía se hizo un llamamiento para que los ciudadanos colaborasen con su esfuerzo en desbrozar la ribera. Sólo falta que nos inviten a fijar las numerosísimas baldosas sueltas de nuestras calles.

Necesitamos unos candidatos capaces de devolver la ilusión a los ciudadanos, estimular la creación de empleo, fomentar grandes proyectos, recuperar el ambiente universitario, luchar por nuestra ciudad más allá de las siglas de sus partidos, comunicarla con el resto de España y con Portugal mediante un ferrocarril del siglo XXI y una autovía que una ambas capitales provinciales, entre otras aspiraciones. En definitiva, unos políticos que, sin retrotraernos al siglo XX, pero respetando la historia y tradiciones de esta ciudad bimilenaria y su patrimonio artístico y natural, sepan lanzarla al progreso y ubicarla en el siglo XXI.