La eterna amistad

ALONSO J. CORRALES GAITÁN

Ciertamente no estamos acostumbrados a poner a la venta un piso o casa con todo su contenido (muebles y demás), pero teniendo en cuenta los tiempos que vivimos esto cada vez va siendo más habitual en determinados ámbitos.

No hace muchos años tuve la suerte de descubrir un caso así y visitar una casa que se ofrecía con todo su contenido. Esto es: con muebles, cuadros, mucha ropa, cristalerías, cuberterías y un elevado número de libros. Así como otros muchos objetos propios de cualquier hogar que llevaba funcionando varias décadas. El motivo era simple, fallecidos los dueños su hijo ya de avanzada edad vivía en otra población y con todas sus necesidades cubiertas, una vez recogidos algunos objetos de índole familiar optó por poner todo el resto a la venta. E inesperadamente me invita a visitar el lugar. Imposible describir lo que voy descubriendo. Muebles de los siglos XVII y XVIII sino más antiguos, figuras de jade, porcelanas, abanicos, infinidad de trofeos de caza, animales disecados, de plumas estilográficas, algunas piezas de marfil, cientos de cuadros de todo tipo, no pocos bastones y una impresionante biblioteca donde pueden estar expuestos varios miles de libros, fechados entre los siglos XVIII al XX, (muchas primeras ediciones), destacando una gran cantidad de planos de ciudades españolas y de láminas de monumentos.

La verdad es que no recuerdo el tiempo que pasamos allí entre aquel espacio tan cargado de arte e historia, pero de todas maneras me pareció poquísimo. Me enseñó todo lo que se ponía a la vista. Mi amigo estaba acostumbrado a aquel escenario, su niñez se había desarrollado allí entre todo esos objetos. Y una vez más su generosidad se dejó ver, en plena merienda me sorprendió entregándome dos objetos de su aprecio para que con el paso del tiempo pudiera conservarlos y recordar aquellos años en que nuestra amistad era lo más valioso que poseíamos, pensando que a pesar de nuestros caminos en la vida seguiríamos viéndonos y tratándonos.

En la actualidad cuarenta y tres años después, recuerdas aquel tiempo con nostalgia, cada vez que pasas por delante de la casa, ya transformada y con otros propietarios. Amistad que en la actualidad es difícil de encontrar.