«Le dijimos que no se moviera, que nunca iba a poder escapar de nosotros»

Noelia, junto a Raúl, quien salió en su auxilio. :: a. méndez/
Noelia, junto a Raúl, quien salió en su auxilio. :: a. méndez

Uno de los camareros que salió en auxilio de la víctima de un intento de robo el pasado domingo y la protagonista relatan lo sucedido esa tarde

J. CEPEDA

Noelia Mínguez tardará en olvidar la jornada del pasado domingo, cuando vivió una de las peores experiencias de su vida al sufrir en carne propia un intento de robo con violencia en plena calle, a solo unos metros de la confitería que regenta en la Plaza Mayor. Ese día, como todos los domingos por la tarde, no abrió el establecimiento, pero se pasó por el local para coger algunas cosas. El infortunio quiso que unos segundos después de salir, cuando iba acompañada de un amigo, fuese abordada por un hombre de mediana edad, que intentó quitarle el bolso a la altura del número 1 de la calle Andrada: «Se abalanzó sobre mí. Me giró entera y me tiró al suelo. El bolso de mimbre resistió y yo no lo solté, pero él me arrastró por el suelo dos o tres metros. Acabé con magulladuras en el brazo y en la pierna, así como con contusiones en todo el costado. Debido a los golpes me cuesta incluso respirar», rememoraba ayer. El día anterior había llegado de unas minivacaciones de cinco días: «Ojalá las hubiese estirado un poco más».

Afortunadamente, Noelia contaba esta vez con dos ángeles de la guarda. Javier Cayetano Gaona y Raúl Márquez, camareros del cercano bar Los Portales, no dudaron en salir en su auxilio tras escuchar los gritos de ayuda: «¡Cogedlo, cogedlo!», oyeron. Estos dos héroes urbanos cambiaron por unos segundos el uniforme de trabajo para ponerse el de ángeles custodios.

«Yo estaba en la parte exterior de la terraza haciendo de relaciones públicas y mi compañero Javier estaba sirviendo en las mesas. Escuchamos los gritos y vimos al hombre salir corriendo. Fue Javier el que salió al 'sprint' detrás de él y le dio caza primero. Cinco segundos después llegué yo y entre los dos conseguimos reducirlo hasta que llegó la Policía Local, que no tardó prácticamente nada en aparecer», explica Raúl Márquez.

Durante ese período de tiempo, según el testimonio de los protagonistas, el presunto malhechor se resistió intentando zafarse de sus captores, siempre en vano. «Le dijimos que no se moviera más, que nunca iba a poder escapar de nosotros».

Una vez ya esposado por los agentes policiales y tras acercarse Noelia, el protagonista intentó nuevamente abalanzarse sobre la víctima: «No te iba a hacer nada, solo quería decirte que eres muy guapa», aseguró, según recuerda Noelia con cierta incredulidad.

Raúl, que lleva cuatro años trabajando en Los Portales, intenta quitar importancia a lo sucedido: «Esto es un hecho puntual. La Plaza Mayor suele ser un sitio tranquilo». El joven practica taekwondo y su carrera hasta la altura de la tetería, poco antes de llegar a la Plaza del Duque (las 'cuatro esquinas'), no le pasó factura. No así a su compañero Javier, quien después del lance confesó: «Tengo que dejar de fumar».

El negocio familiar de Noelia de confitería artesanal, cuyo nombre pide que no se mencione, data de 1952. Ella se muestra muy agradecida por la rápida actuación de los camareros. «Al final esto es como una corrala donde nos conocemos todos. Me quieren y me cuidan muchísimo». No obstante, reconoce que le costará quitarse el miedo del cuerpo: «En enero ya me entraron a robar. Siempre tienes miedo porque esta no deja de ser tu casa. Todavía no se me ha quitado el susto del cuerpo», lamenta.

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