«He desayunado con Reagan en la Casa Blanca y comido con Indira Gandhi»

Eugenia García Fernández en el patio del centro de adultos. :: a. m. /
Eugenia García Fernández en el patio del centro de adultos. :: a. m.

A sus 86 años, Eugenia García, cacereña que ha visitado 80 países, acaba de recibir un homenaje en el Centro de Educación de Adultos

Álvaro Rubio
ÁLVARO RUBIOCáceres

Tiene 86 años pero no los aparenta. Hace gala de un discurso coherente y una memoria envidiable. Eugenia García Fernández (1932, Cáceres) acaba de terminar sus estudios de Psicología Positiva en el Centro de Educación de Adultos Maestro Martín Cisneros de Cáceres. A finales de junio fue la gala de clausura del curso y ella ha sido una de las homenajeadas. Es un título más que se suma a una trayectoria que le sitúa como una mujer pionera, una adelantada a su tiempo. «He desayunado con Ronald Reagan en la Casa Blanca, comido con Indira Gandhi en la India y Fabiola, la que fuera reina de Bélgica», dice orgullosa cuando echa la vista atrás.

En su retina están grabados rincones de 80 países, aunque guarda con especial cariño lo que ha podido ver en Egipto y México. Los ha recorrido gracias a los puestos profesionales que ha ocupado a lo largo de su vida. Fue la primera concejala de la Democracia en Cáceres, entre 1979 y 1983; vicepresidenta nacional de la Confederación de Mujeres Empresarias de España durante una década y formó parte de la dirección nacional en el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

También desarrolló una fructuosa labor como empresaria tras estudiar en la Escuela Superior de Sevilla lo que hoy se conoce como Empresariales. Fue gerente de la sociedad limitada que formaron su padre y su tío, García Hermanos, S.L. Con 20 años estaba al frente de una entidad con 40 trabajadores. «Fui la primera mujer que en Cáceres participó en un consejo de administración», comenta García, quien también guarda en su vitrina de reconocimientos la medalla de honor de la Cámara de Comercio de Cáceres por su trayectoria profesional.

Fue la primera concejala de la Democracia en Cáceres y formó parte de la dirección nacional de Unicef

A sus títulos de profesora mercantil y de música, se suman cargos en la Confederación Regional de Empresarios de Extremadura y en la Asociación de Amigos de la Real Academia de Extremadura, entre otras agrupaciones. Además, le concedieron la medalla de oro de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Española y la medalla de oro al Mérito Civil de la solidaridad.

De su época en la política dice que «podría escribir un libro sobre la discriminación por ser mujer». Ella no pertenecía a ningún partido, iba como independiente y tuvo como alcaldes a Luis González Cascos y Manuel Domínguez Lucero. «Por mi preparación esperaba trabajar como concejala de Hacienda o en algún área relacionada con la economía. Sin embargo, como era mujer me dieron Matadero, Mercado y Limpieza», lamenta. «Al menos todo eso ha cambiado», añade García Fernández, quien ha conocido a lo largo de su vida a numerosas personalidades de distintos ámbitos. Entre ellas a Álvaro de Villamor, el artista cacereño ya fallecido que estuvo afincado en Hollywood y que es el autor del retrato de la Reina Sofía que Eugenia donó al Ayuntamiento de la capital cacereña.

Cuando se le pregunta por sus viajes le cuesta mucho elegir uno, prefiere relatar alguna de sus experiencias. «Han sido muy distintas, he pasado de compartir reuniones con dueñas de fundiciones de acero en Alemania o de cafetales en México a viajar con Unicef para hablar con jefes de Estados», añade antes de recordar algunas anécdotas.

Anécdotas por el mundo

El paso del tiempo le ha permitido quitar importancia a algunos capítulos de su vida, pero en su momento fueron más que un susto. «Me ha pasado de todo. He estado en países de África encerrada cinco días en un hotel en medio de un levantamiento militar. En Bolivia sufrí un pequeño incidente en el avión. Nada más despegar se desprendieron las mascarillas de oxígeno y tuvimos que volver a La Paz. Allí dormía en una habitación llena de cucarachas. También viajé a la Polinesia ocho días después del ataque a las Torres Gemelas. Cuando hicimos escala en Estados Unidos había muchísimos controles. Pasamos horas y horas en los aeropuertos», recuerda Eugenia, que tiene cinco hijos y cinco nietos.

A ella la edad no le ha supuesto un impedimento para mantenerse activa. Ha pasado por la Universidad de Mayores y ha hecho tres cursos en el Centro de Adultos de Cáceres. A él se volverá a apuntar el próximo año.

Dice que puede escribir un libro de la discriminación que sintió en los ochenta por ser mujer en política

Lo compaginará con sus clases de gimnasia dos veces por semana. «Con poder hacer esas pequeñas cosas me conformo. Después de todas las experiencias que he tenido no le pido más a la vida», dijo entre risas justo antes de que empezara el acto de clausura de la escuela de adultos en el que se homenajeó a los alumnos de mayor edad y se premió a los mejores estudiantes.

La directora del centro, Araceli Rubio, le entregó un ramo de flores a Eugenia García. Fue una manera de transmitir que, aunque se haya tenido una vida cargada de experiencias y conocimientos, siempre hay algo que aprender. Para eso nunca es tarde.