Desagradecidos

Desagradecidos
JOSÉ MANUEL MARTÍN CISNEROS

He escrito varias veces sobre la ingratitud de Cáceres con aquellos que nos precedieron y a los que debemos reconocimiento por una u otra causa. Muchos no han tenido ni siquiera una calle dedicada, o una glorieta, que las hay a porrillo. Pero hoy hablaré, no de personas, sino de una forma de vivir, que nos definió como población durante siglos.

Mérida y Badajoz, vivieron siempre de espaldas al Guadiana, sobre el que apenas se tendieron puentes, han conseguido integrarlo en el propio tejido urbano. Hoy cualquier pacense o emeritense mira al rio con satisfacción, parques, jardines, zonas de deportes acuáticos, jalonan sus orillas. Cáceres, al no tener rio (propiamente dicho), bebía de las fuentes, lavaba en sus aguas y usaba la Ribera del Rey como fuente de vida para las múltiples huertas, de las que hemos comido y como energía hidráulica para dar vida a las únicas industrias que tuvimos, batanes molinos harineros y aceiteros y sobre todo dio de beber a generaciones. Fuentes del Concejo, de Hinche, de la Madrila, de Beltran, de la Butrera, son ejemplos de todo esto. Hoy están totalmente olvidadas, cubiertas de basura y pintadas y eso que algunas están en zonas muy transitadas como el Parque del Príncipe. Y la ribera con zonas donde la vegetación ha crecido tanto que no se ve el cauce, rodeado de restos de edificaciones en la ruina del abandono. Pocas huertas hay que siguen vendiendo los productos que antaño tuvieron gran fama.

Hay que devolver a la Ribera, al este de la ciudad su papel. Derribando lo que sobra y prestigiando lo que sirve. Creando los foros necesarios para que, sobre todo los más jóvenes, sepan lo que fue, para qué sirvió, y sientan el orgullo de su historia, que es nuestra historia, no solo Ovandos, Ulloas y Carvajales.