Condenado en Cáceres a cinco años por agredir sexualmente a su nieta

El hombre fue juzgado a los cinco meses del infarto. /Jorge Rey
El hombre fue juzgado a los cinco meses del infarto. / Jorge Rey

El abuelo ingresó en prisión en octubre de 2016 por abusar de la niña los veranos que se la llevaban al pueblo

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

El juicio se tuvo que suspender cuando el acusado, que estaba escoltado por la Policía Nacional, sufrió un infarto unos minutos antes de ser juzgado. Iba a ser acusado de haber agredido sexualmente a su nieta menor de edad.

Ocurrió el 13 de mayo del año pasado. El acusado, que entonces tenía 73 años, fue llevado desde la cárcel, en donde estaba en prisión provisional desde el mes de octubre de 2016, hasta el Palacio de Justicia para ser juzgado en la sección segunda de la Audiencia Provincial, cuando de pronto se sintió indispuesto. Los policías le llevaron a que le viera un forense, que señaló que todo indicaba que estaba sufriendo un principio de infarto. Fue llevado al Hospital San Pedro de Alcántara en donde estuvo varios días ingresado.

El juicio se volvió a celebrar el pasado 29 de octubre, y su abogado alcanzó un acuerdo con la fiscalía.

El abuelo aceptó ser condenado a cinco años de prisión. Una vez que salga de la cárcel estará cinco años en libertad vigilada y no podrá acercarse ni comunicarse con su nieta durante 15 años. También debe indemnizarle con 30.000 euros por los daños que le ha causado.

Para que el ministerio fiscal aceptara esa rebaja de condena (al principio solicitaba 10 años), el acusado tuvo que entregar en el juzgado 15.000 euros para su nieta, poniendo también un bien inmueble del que es propietario para llegar a los 30.000.

La nieta vive fuera de Extremadura y el abuelo le hacía tocamientos obscenos cuando ella era llevada al pueblo para pasar con él las vacaciones. La niña fue víctima de su pariente desde los siete a los trece años.

Para vencer la resistencia de la nieta, el abuelo le prometía regalos o la amenazaba con el uso de la fuerza. Atemorizaba a la niña con expresiones como que «había arrancado la oreja a uno», o que tenía una pistola con la que mataba a gatos.

Llegó a decirle que si contaba algo a alguien «le iba a partir la cara», y en una ocasión hasta le pegó con un cinturón.

 

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