Cenizas y cenizos

FÁTIMA LOZANO

El título de este escrito que están leyendo no pretende ser un canto al lenguaje inclusivo, que también podría serlo y vendría al pelo de cara a las fechas que se aproximan para sumar a esa reivindicación de igualdad de género que, por otra parte, yo prefiero cobrar en conquistas sociales y económicas antes que lingüísticas. Este rótulo, sin embargo, busca exponer un resumen breve, claro y conciso (me encantan estos adjetivos que los políticos deberían tener de cabecera en sus discursos) de un compendio de acontecimientos del pasado más inmediato, del presente y de actos venideros que afrontará esta ciudad, y que muchos cenizos querrían convertir en cenizas.

Para empezar, aún resuenan los tambores del desfile de carnaval del pasado fin de semana que se unió a la reivindicación del «tren digno», el mismo mensaje que se oyó más de una vez en la gala de entrega de los Premios San Pancracio presentada por el actor Fernando Tejero con un brillante guión del que no se desprendió ni un minuto, quizá por un exceso de nervios, quizá por una profusión de tranquilidad sobrevenida, que todavía no he sido capaz de discernirlo. El caso es que el Festival de Cine Español de Cáceres desplegó su alfombra roja un año más frente al Gran Teatro y la comitiva carnavalesca la cruzó sin problemas porque, a pesar de que algunos cenizos se empeñaban en propagar que ambos acontecimientos no podían convivir en tiempo y espacio, el embrollo no fue para tanto y la solución llegó con tan solo alterar el horario del cortejo de comparsas. No era para tanto.

Disfrutado ya Don Carnal y enterrada la sardina llegamos al Miércoles de Ceniza, el primer día de Cuaresma, cuarenta días antes de la Semana Santa, en el que los creyentes participan del rito de la imposición de esa ceniza como símbolo de la caducidad de la condición humana. Unos restos grisáceos obtenidos de la incineración de las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos del año litúrgico anterior. Este día es para los católicos una jornada de ayuno y abstinencia, aunque supongo que la visita que hoy tiene prevista la Reina a Cáceres para la proclamación de uno de los Premios de la Fundación Princesa de Girona, y su posteriores agasajos, impedirán que muchos acólitos seglares puedan participar del ritual de la ceniza y, mucho menos, del ayuno. Y hablando de reyes y cenizas, el año que viene monárquicos y republicanos, en perfecta comunión, podrían asistir al cumplimiento del contrato del que se haya hecho con el ninot gigante de Felipe VI que se ha vendido en ARCO y que, según el acuerdo con el artista, debe ser «impacto de las llamas», como decía un pretérito concejal de Festejos al referirse al dragón de San Jorge y su inevitable relación con el fuego. Solo espero que esas cenizas no tengamos que recogerlas en Cáceres. ¡No seamos cenizos!