Capitol: las vidas pasadas de un local cacereño con historia

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El mítico recinto inaugurado en 1947 se enfrenta a dificultades para reanudar la actividad tras su traspaso

Cristina Núñez
CRISTINA NÚÑEZCáceres

El teatro Capitol vive momentos de incertidumbre. Después de un año de proyecto de la mano de la escuela Maltravieso, que reabrió esta legendaria sala tres años después de su cierre por parte de la Obra Social de Caja Duero, hay más dudas que certezas sobre su futuro. Los empresarios hosteleros que tomaron el traspaso de este recinto cultural el pasado mes de febrero se están viendo en serias dificultades para poner en pie su iniciativa, una sala multiusos para espectáculos musicales, culturales y fiestas. La licencia municipal que regula su uso solamente brinda la posibilidad de llevar a cabo proyecciones y exposiciones, dos funciones que superaron sus anteriores gestores, tanto Maltravieso como Caja Duero.

La historia de este edificio está ligada al pasado emocional de la ciudad. Según cuenta el archivero municipal, Fernando Jiménez Berrocal, el recinto en el que se construyó el antiguo cine había sido un hospital desde la Edad Media y mantuvo su uso hasta el siglo XIX, cuando fue desamortizado. Esta sala pasa entonces a tener diferentes usos, el más importante, a finales de ese siglo XIX, una fábrica de luz eléctrica, que genera numerosas quejas entre los vecinos por los ruidos que causa. Durante la Guerra Civil se utiliza este espacio como cuartel de milicias de la Falange.

En la mañana del 23 de julio cinco aviones de bombardeo soviéticos sobrevolaron la ciudad. Según fuentes históricas descargaron en su núcleo urbano dieciocho bombas que afectaron a lugares como el Mercado de Abastos, Instituto de Enseñanza Media, Gobierno Civil, Plaza de Santa María, calles Sancti Espíritu y Nidos y traseras del cuartel de la Guardia Civil.

En ese mismo solar se construiría el cine en el que muchos cacereños han ido modelando su pasión por el cine, y que se inauguró en 1947. El mes de marzo de 2018 el propio director de cine Pedro Almodóvar, que recibió el premio San Pancracio, reconoció que en este cine de Cáceres, además de en otros como el Astoria y el Coliseum, había visto muchas películas durante su etapa como estudiante en el colegio San Antonio.

Contrato de obra de la empersa Corcobado y Sotomayor y los planos de la construcción del edificio, que se inauguró el 6 de marzo del 47.
Contrato de obra de la empersa Corcobado y Sotomayor y los planos de la construcción del edificio, que se inauguró el 6 de marzo del 47.

Tal y como contaba el colaborador de este periódico José Ramón Alonso de la Torre, los años 60 fueron los años dorados del cine en la ciudad. Convivían Capitol con Coliseum, Astoria, Norba y Gran Teatro, que también proyectaba cine. En total 6.000 butacas que «se llenaban». Fue la empresa Corcobado y Sotomayor la que puso el capital para iniciar este proyecto, del que fue gerente durante toda su historia Sergio Bejarano. El proyecto del local se encarga al arquitecto madrileño Luis Martínez Feduchi (1901-1975), conocido por haber diseñado, en los años 30, el edificio Capitol de la Gran Vía madrileña.

Teresa Corcobado es la sobrina de Odón, dueño del cine junto a Carmen, viuda de Fernando Sotomayor, que construyó también el Astoria. «Me acuerdo perfectamente de cómo era, con el palco, los asientos rojos y una lámpara maravillosa, es uno de los sitios que considero de mi infancia». Según su relato la financiación del cine provenía de Fernando Sotomayor. Su viuda se casó con su tío Odón Corcobado, un actor secundario que rodó películas como 'Amor y Toros', de 1955. «Él tenía mucho interés por el cine y consiguió interesar a su mujer, probablemente él la empujó a abrir el cine», estima Teresa Corcobado, que subraya la calidad de la programación que podía verse en el Capitol. «Era el cine por excelencia de Cáceres, el Norba estaba mucho más céntrico para lo que sería el Cáceres actual, pero en aquella época la ciudad estaba más en torno a la Plaza».

Cuenta como curiosidad que en la calle Pintores había una taquilla que servía para que se pudieran retirar las entradas por la mañana sin necesidad de acudir al mismo cine. «Tenían las entradas dobladas y reservadas, porque la gente se sentaba en el mismo sitio». Recuerda que en el cine Capitol se empezó a hacer el Cine Club, lo que terminaría siendo el germen de la Filmoteca. «Cuando acabé la carrera y volví a Cáceres, irme al Cine Club del Capitol y luego a tomarme una copa a La Machacona me parecía la modernidad de la modernidad, lo mejor de todo. Allí he visto películas buenísimas, que me ha dejado marca, como 'Mi Tío' de Jacques Tati, 'Gayarre', de Domingo Viladomat o 'El Cardenal', de Otto Preminger». La última proyección del Capitol tuvo lugar en enero de 1987.

Nani Bejarano es la hija de Sergio Bejarano, el gerente que llenó de buenos títulos esta sala. «Era su vida, se pasaba allí 12 horas, no descansaba, sus únicas vacaciones era cuando iba a la Gran Vía de Madrid a por películas». Para ella toda su vida ha estado ligada a este recinto, en donde aprendió a amar al cine, un rasgo que define a toda la familia. «Cáceres era una ciudad que destacaba por su buen cine», apunta.

Caja Duero

A partir del año 1990 empezó a funcionar la sala Capitol como un lugar de conciertos y discoteca, en donde tuvieron lugar todo tipo de acontecimientos: desfiles de moda, fiestas. «Era una época en la que se estilaban las grandes salas, y ésta lo tenía todo a favor, da a dos calles, está en el centro histórico...», recuerda Fernando Jiménez Berrocal.

En el año 1998, después de unos cuantos años como sala de fiestas, abre el Centro Cultural Capitol, dependiente de la Obra Social de Caja Duero, que compra el recinto. Mantuvo su actividad durante 17 años, hasta que en 2015 cerró sus puertas. Durante su trayectoria hubo un poco de todo: se le dio espacio a la música clásica y de cámara, a las exposiciones, al ballet. Hubo conciertos de artistas muy conocidos con muy diferentes estilos, desde José Mercé a María Dolores Pradera. Pero sin duda una de las señas de identidad de este periodo fueron los ciclos de cine, que solían ser una de las alternativas más destacadas para las tardes de verano. El cine, sin duda, anida en un local que espera una nueva vida.