«Tengo cáncer y vivo en un quinto sin ascensor porque la Junta no lo arregla»

Eugenio García subiendo, con la ayuda de su hijo, los 80 escalones para llegar a su piso. :: l. cordero/
Eugenio García subiendo, con la ayuda de su hijo, los 80 escalones para llegar a su piso. :: l. cordero

Eugenio García dice que no tiene fuerzas para subir las escaleras de una vivienda social que lleva 20 meses sin elevador

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

«Estoy hecho una mierda. Casi todos los días de la semana voy a un hospital a Salamanca a que me den quimioterapia y radioterapia. Ya no puedo comer. Me alimento de batidos y en cuanto que subo cuatro escalones me canso. No tengo fuerza en el cuerpo. Estoy muy cansado. Tengo cáncer y vivo en un quinto sin ascensor porque la Junta no lo arregla», se lamenta Eugenio García, que a lo duro de tener que seguir un tratamiento fuerte para curar un cáncer de lengua, se le une el tener que subir 80 escalones para llegar al piso en el que vive con su mujer Sheila Ferreira y su hijo de unos diez años, que muchas veces tira de él para llegar a descansar al piso.

A veces le parece una cárcel. «No puedo salir a ningún sitio a que me dé un poco el aire, y aquí hace mucho calor», insiste Eugenio García, que recalca que ellos pagan a la Junta de Extremadura el alquiler de su piso social, que se encuentra en el número 14 de la calle Juan García García, en el número 14, en el 5º C, en Aldea Moret. «Mi mujer ha ido a las oficinas de la vivienda de la Junta, a los Múltiples. Hemos ido varias veces. Hacemos los escritos pidiendo que arreglen el ascensor, pero ahí no te hace caso nadie».

Su mujer insiste en que no deben dinero a la Junta. «Estamos al día con el piso y la comunidad, con el agua, con la luz, con todo. Hemos intentado que nos den otra vivienda con ascensor, pero dicen que no hay». El pasado miércoles ha vuelto a ir a las oficinas de la Junta, «hemos insistido para tener un cambio de vivienda, pero nos han dicho que hasta el 2 de octubre no llega la funcionaria que se encarga de eso, que está de vacaciones. No sabemos si ir a denunciar esta situación a los juzgados». Sheila dice que están desbordados de papeleo, porque la medicación se la dan en Salamanca, en otra comunidad autónoma, y tiene que hacer más papeleo para que las medicinas no le salgan tan caras, «están los batidos, que valen 200 euros una caja de 30, y tiene que tomar dos o tres al día, porque es lo único que puede comer, y están los parches de morfina».

Los vecinos se quejan de que no les suben a sus pisos paquetes, ni cartas certificadas, ni las bombonas de butano

A esta familia los problemas empezaron a agobiarles con el cáncer de lengua de Eugenio, quitándole varios tumores en el cuello. Antes llevaban como podían los problemas de no tener ascensor. «Los carteros no suben las cartas certificadas ni al cuarto, ni al quinto, ni al sexto, solo hasta el tercero. Tampoco suben paquetes ni la bombona de butano. Para tener bombona tengo que ir a comprarla a una gasolinera y luego subirla».

Afirman que hay otros vecinos que también sufren el no tener ascensor, como una persona mayor que también vive en el quinto piso, que esta semana ha sido ingresada en el Hospital, o una mujer que vive en el primero, que ha tenido un ictus. «Va a un centro de día. Vienen a por ella en un coche que llega al portal, pero es el marido de la hija de la señora la que tiene que cargarla a las espaldas para subirla y bajarla», dice Sheila.

«En los pisos buenos»

El matrimonio y el niño llevan cuatro años viviendo en este piso y el ascensor lleva averiado desde hace un año y ocho meses. «En otros bloques de esta calle también hay otros ascensores que se estropean y que tardan en arreglar - explica Eugenio -; pero bueno, de los cuatro años que llevamos aquí este ascensor solo ha funcionado un año».

Su hijo interrumpe la conversación: «Una vez nos quedamos encerrados en este ascensor mi padre y yo. En los pisos buenos, si te pasa eso en el ascensor aprietas un botón y te vienen a arreglarlo; pero aquí suena una campana para que los vecinos te escuchen y llamen a alguien para que te saquen».