Hay un Cáceres minero

Zona del Calerizo en las inmediaciones de la Charca del Marco./HOY
Zona del Calerizo en las inmediaciones de la Charca del Marco. / HOY
MARCELO SÁNCHEZ-ORO

En el siglo XIX la aplicación de los fosfatos a la agricultura originó un fuerte interés hacia los lugares en los que se descubrían. En Cáceres la 'fiebre' de los fosfatos comenzó en torno a 1840, cuando se constató su presencia en el Calerizo, varios años antes de que pudiera ponerse efectivamente en marcha su explotación. Pronto los minerales cacereños fueron expuestos con éxito en diversas exposiciones nacionales e internacionales, en algunas de las cuales se premió su calidad y a partir de 1866 se exportó a Inglaterra, Alemania, Francia, Holanda y Bélgica. En su hallazgo muchos veían la gran solución para los problemas de la ciudad y el Calerizo de Cáceres comenzó a ser una poderosa atracción para muchas familias que se desplazaban desde diversos puntos de la provincia en busca de trabajo. De este modo comienza la descripción del sociólogo Jesús Moreno Ramos, de la más reciente historia de amor y recelo entre Cáceres y sus recursos mineros. En el libro que él coordinó y en el que tuve el privilegio de participar, titulado 'La vida en las afueras' se describe parte de los beneficios y contradicciones que las minas trajeron a la ciudad y como, al menos entre determinados sectores posibilitó el surgimiento de una nueva realizad social y económica. Fue resultado de un incipiente proceso de industrialización que tenía como base los recursos mineros. Procesos de transformación que diversos avatares históricos frustraron o redujeron. Cuando se cuestiona, o directamente se rechaza, la posibilidad de explotación del litio en la zona de Miraflores, pienso si no se están cerrando puertas a la ciudad y sus gentes, aquellas que verdaderamente tiene poco donde escoger. Opciones que nuestros antepasados no cerraron, a pesar incluso de que los yacimientos estaban en la zona más estratégica de la ciudad, que surtía de agua al municipio: el Calerizo.