Cuando en Cáceres la belleza ganó al Franquismo

Edificio de Trabajo, frente a Multiples, con el yugo y las flechas en la parte superior :: HOY
Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

En la Redacción hemos prohibido a los compañeros Manuel Caridad y Salvador Guinea que vuelvan a hablar de la calle del General Esponda o Ezponda... o como diablos se llame, porque ya están los nervios a flor de piel y cualquier día tenemos un disgusto. Yo se lo dije muy clarito a Caridad, cuando salía del servicio subiéndose la cremallera del pantalón: «¡Cuidado, eh! No te vuelvas a meter con el muchacho. Ni una palabra más del tema... ¡qué te conozco!».

Por suerte lo han dejado, y ahora en la Redacción se habla de otro asunto: del yugo y las flechas que tenemos al lado, en la parte de arriba del edificio de Trabajo, frente a los Múltiples.

–Pero bueno –dijo el fotógrafo Guinea una mañana–, ¿es que nunca van a quitar esa simbología franquista? Ya estoy cansado de pasar por ahí todos los días y ver esas flechas y el yugo de piedra.

–Bah. Si casi no se ve –le respondió Caridad–. Está en todo lo alto de un edificio de ocho plantas y casi te hace falta prismáticos para verlos. Tenías que vivir tú en el Cáceres del gigantesco yugo con sus cinco flechas que había en la Torre de Bujaco.

–Una vez vi una foto antigua de la Torre de Bujaco con el yugo y las flechas –dije yo–, pero pensé que estaban pintadas sobre la foto, que no podía ser real una cosa así, tan horrorosa.

–Jeje. 'Pintada' dice el gachó. Menudo mamotreto pusieron ahí. –dijo riéndose Caridad.

Me entró entonces la curiosidad por saber quién fue el iluminado que hizo tamaño atentado a la belleza de la Torre de Bujaco. Vi que César Rina, profesor e investigador de Historia Contemporánea en la Universidad de Lisboa, había escrito el trabajo: 'El dominio simbólico del espacio urbano. La construcción del franquismo en Cáceres', en donde cuenta la manera en la que se fue llenando de símbolos franquistas la ciudad que había sido el primer cuartel general de Franco en la Guerra Civil, desde el 26 de agosto al 3 de octubre de 1936, en donde fue proclamado Jefe del Estado y Generalísimo. En 1938 se levantó la gran Cruz de los Caídos, que aún sigue en el centro de Cáceres, y en 1939 se puso el gran adefesio en la hermosa Torre de Bujaco. Explica muy bien ese momento Ricardo Hurtado de San Antonio, en su libro 'Cáceres durante el Franquismo. Memorias':

«Revelador de los fervores patrios y joseantonianos fue la colocación sobre el frontal de la Torre de Bujaco en 1939, terminada ya la Guerra Civil, del colosal símbolo de la Falange Española –el yugo y las flechas de los Reyes Católicos–, forjado en hierro por la Herrería Laso, de diez metros de alto por cinco de ancho, por decisión del jefe de la Falange en Extremadura, el de nuevo capitán en activo José Luna Meléndez, y el gobernador civil de la provincia, el comandante Luciano López Hidalgo. Allí permaneció presidiendo todos los acontecimientos celebrados en la Plaza Mayor (entonces plaza del General Mola), hasta 1963, en que fue desmontado junto con el templete superior y la estatua romana del genio de la Colonia Norba Caesarina, ya en tiempos del alcalde Alfonso Díaz de Bustamante y Quijano. Su destino final fue la chatarrería».

Estuvimos viendo fotografías de los largos 24 años en los que ese enorme despropósito estuvo presidiendo la Plaza Mayor. El fotógrafo Guinea tuvo el acierto de bucear en el archivo del NO-DO, y encontró unas imágenes de Franco en Cáceres. Son imágenes sin documentar, pero la Torre de Bujaco es inconfundible. Fueron tomadas el 17 de junio de 1941, cuando Franco entró y salió bajo palio de la ermita de la Paz, que está adosada a la Torre. Por el interior de la ermita el dictador subió al balcón de Bujaco, y allí dio una perorata a un público enfervorizado que llenaba la Plaza, brazo en alto. El discurso lo pronunció al lado del gigantesco yugo y las flechas. Fue un escenario hitleriano que montó su 'cuñadísimo' Ramón Serrano Suñer, unos meses antes de ser defenestrado por su filonazismo.

Lo que más nos extrañó es, cómo pudo ser que se retirara ese símbolo de la Torre de Bujaco en 1963, mucho antes de la muerte del Dictador en 1975. Estuvimos viendo que, por ejemplo, la Jefatura Provincial del Movimiento estaba frente a la Torre de Bujaco, en lo que ahora es el Hotel Don Fernando, que fue la Jefatura de Falange durante la Guerra Civil, y de allí no se retiró el yugo y las flechas hasta… ¡el 7 de abril de 1977!, «de madrugada y sin testigos», como dijo la prensa de la época. Por cierto nos asombró ver que muerto Franco, el doctor Juan Pablo Abril, Alejo Carvajal del Barco, José Delgado Amores, Antonio Hurtado Ricafort, Domingo Salas y otros, proponían en los periódicos abrir una suscripción popular para que los escultores Pérez Comendador o Juan de Ávalos hicieran una gran estatua ecuestre de Franco para ponerla en la Plaza Mayor, igual a la de Pizarro en Trujillo.

¿Quién fue el valiente que logró que en 1963 se quitara de la hermosa Torre de Bujaco el engendro del colosal yugo y las flechas?

La solución la encontramos en una entrevista que el amigo y sin embargo compañero, Claudio Mateos hizo a Antonio Rubio Rojas, publicada en el Diario HOY el 24 de noviembre de 1999. En esa entrevista el recordado erudito, que fue cronista oficial de Cáceres y miembro de la Real Academia de Extremadura, se quejaba de que la ciudad de Cáceres había sido «tacaña con la figura del conde de Canilleros, ni siquiera llegó a ser nombrado hijo predilecto». Señalaba que Miguel Muñoz de San Pedro, conde de Canilleros (1899-1972), fue un gran escritor que promocionó turísticamente la ciudad, logrando que en 1952 se abriera el Hotel Extremadura, y que aconsejó al entonces alcalde Alfonso Díaz de Bustamante al embellecer la Ciudad Monumental. Contaba Antonio Rubio Rojas, que la aportación que hizo el Conde de Canilleros a la ciudad de Cáceres fue muy importante sobre todo en los últimos años de su vida: «Se dio la circunstancia –decía Rojas–, de que por entonces vino a Cáceres el gobernador Antonio Rueda y Sánchez Malo, que emparentó con la familia del conde, y que llevó a cabo una serie de reformas que fueron instigadas por Muñoz de San Pedro. Una de ellas fue hacer desaparecer el yugo y las flechas, símbolo de Falange, de la Torre de Bujaco».

–¡Ya hemos dado con nuestro héroe! –dijo satisfecho el fotógrafo Guinea en la Redacción–. El Conde era un hombre de derechas, pero era tanto su amor por Cáceres, por la belleza, que ver ese adefesio en la Torre de Bujaco le debía doler como si le dieran un puñetazo en un ojo.

–Sí, es cierto, muy inteligente el Conde. Por cierto, chispacero –dijo Caridad mientras se encaminaba a la puerta de salida– ¿Sabes que cuando llegó la Transición, los partidos de izquierdas no sabían quién era el General Ezponda que aparecía en el cartel de la calle de los vinos, no lo sabían porque es ES-PON-DA, y quisieron quitar la calle pensando que era un general franquista.

Fue entonces cuando, rápidamente, doblé un periódico como hacen los corredores de los Sanfermines, y se lo tiré al cantamañas de Caridad , con tan buena suerte que le di en toda la cabeza cuando cerraba la puerta, oyéndose como decía, «¡Cabroooón!» mientras corría escaleras abajo para que no le cogiera.