Buñuel y la lotería que le hace falta a Extremadura

Buñuel en el rodaje de 'Las Hurdes, tierra sin pan'. :: / S.E.
Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

Me gustan las personas de más de 80 años, porque no hay gente más sincera y más sabia. Con 82 años Luis Buñuel publicó su autobiografía 'Mi último suspiro', un acertado título porque se murió unos meses después, en 1983. En ese libro dejó escrito:

«Hasta los 75 años no he detestado la vejez. Incluso encontraba en ella una cierta satisfacción, una calma nueva y apreciaba como una liberación la desaparición del deseo sexual y de todos los demás deseos. No ambiciono nada, ni una casa a orillas del mar, ni un Rolls-Royce, ni, sobre todo, objetos de arte. Me digo, renegando de los gritos de mi juventud: '¡Abajo el amor desenfrenado! ¡Viva la amistad!'».

Acordándome de mis amigos y buscando hacer las paces, hace unos días invité al fotógrafo Salvador Guinea y al periodista Manuel Caridad a ver la película de animación 'Buñuel en el laberinto de las tortugas', una magnífica película basada en el cómic del mismo título de Fermín Solís, que cuenta el rodaje del documental 'Las Hurdes, tierra sin pan' y, sobre todo, la amistad entre Buñuel y Ramón Acín.

Buñuel era hijo de uno de los hombres más ricos de Aragón, un indiano que con 43 años se casó con una joven de 17 con la que tuvo siete hijos. Luis fue el mayor y creció en una mansión con cinco criadas. Ramón Acín, también aragonés, 12 años mayor que Buñuel, era un periodista, escultor y pintor anarquista que creía que era posible cambiar el mundo. Los dos afianzaron su amistad en 1932, cuando Buñuel le contó a Acín que todas las puertas se le cerraban, incluso la de su amigo Dalí, después del escándalo de sus películas 'El perro andaluz' (1929) y 'La edad de oro' (1930). Lo cuenta así el director de cine en su autobiografía:

«Había en Extremadura, entre Cáceres y Salamanca, una región montañosa desolada, en la que no había más que piedras, brezo y cabras: Las Hurdes. Tierras altas antaño pobladas por bandidos y judíos que huían de la Inquisición.

Yo acababa de leer un estudio completo realizado sobre aquella región por Legendre, director del Instituto Francés de Madrid, que me interesó sobremanera. Un día, en Zaragoza, hablando de la posibilidad de hacer un documental sobre Las Hurdes, con mi amigo Sánchez Ventura y Ramón Acín, un anarquista, este me dijo de pronto:

–Mira, si me toca el gordo de la lotería, te pago esa película.

A los dos meses le tocó la lotería, no el gordo, pero sí una cantidad considerable. Y cumplió su palabra.

Ramón Acín, anarquista convencido, daba clases nocturnas de dibujo a los obreros. En 1936, cuando estalló la guerra, un grupo armado de extrema derecha fue a buscarlo a su casa en Huesca. Él consiguió escapar con gran habilidad. Los fascistas se llevaron entonces a su mujer y dijeron que la fusilarían si Acín no se presentaba. Él se presentó al día siguiente. Los fusilaron a los dos».

Acín y su mujer, con sus hijas, meses antes de ser fusilados.::
Acín y su mujer, con sus hijas, meses antes de ser fusilados.:: / S.E.

La película de dibujos, que a las once menos cuarto de esta noche 19 de mayo se proyecta por última vez en Multicines Cáceres, cuenta la estancia de los dos amigos en La Alberca y Las Hurdes para rodar el documental.

La película nos impresionó y eso nos llevó a ver el documental de Las Hurdes y leer libros sobre Buñuel. En la biografía que le hizo Ian Gibsón se señala que el rodaje empezó el 24 de abril de 1933, cuando acaban de llegar de París el cámara Elie Lotar y el ayudante Pierre Unik, grabando para el inicio del documental la Fiesta del Trago en La Alberca, en la antesala de Las Hurdes, que se celebraba el lunes después del Lunes de Pascua, en donde los mozos que se han casado ese año invitan a vino después de arrancar con sus manos la cabeza a los gallos que cuelgan de un alambre. Pero antes de ese 24 de abril ya estaban en la zona los amigos Buñuel y Acín, acudiendo a visitarles Rafael Alberti y su compañera María Teresa León.

El equipo tenía su cuartel general en el Monasterio de las Batuecas. Se levantaban sobre las cuatro de la madrugada, y en un Fiat amarillo viajaban por carretera hasta donde podían, seguían a pie y llegaban al lugar del rodaje a mediodía. Regresaban a las tres de la tarde. En su documental sale sobre todo Martilandrán y La Aceitunilla, aquí rodaron en la escuela una famosa escena, en la que a los niños descalzos, hijos de la misería, les hacen copíar la frase escrita en el encerado: Respetad los bienes ajenos.

Fotogramas de 'Las Hurdes, tierra sin pan'. La madre con bocio de 32 años, los escolares de La Aceitunilla, la niña que murió dos años después, y la falsa madre. ::
Fotogramas de 'Las Hurdes, tierra sin pan'. La madre con bocio de 32 años, los escolares de La Aceitunilla, la niña que murió dos años después, y la falsa madre. :: / S.E.

Hay mucha polémica sobre este documental que ahora se puede ver en internet. Algunos le llaman falso documental y otros dicen que no es falso, que fuerza la verdad. Lo cierto es que salvo en la cruel fiesta de los gallos, en todas las escenas la gente que sale está dirigida por Buñuel, y hay tres mentiras: La cabra no se despeña, muere a consecuencia de un tiro de Buñuel; la escena del burro muerto por las abejas también está preparada; y la niña muerta no está muerta y la que hace de su madre no es tal. Por cierto, encontramos un artículo de Félix Barroso, publicado en el Diario HOY el 5 de noviembre de 1993, en donde se indica que en Aceitunilla aún vivía la madre de la niña que hizo de muerta. Se llamaba la 'tía Herminia', tenía 81 años y contaba que su hija se murió de verdad a los dos años de esa escena, pensando que había sido un castigo de Dios por haber prestado a su hija para hacer de muerta por unas monedas.

Durante nuestra 'investigación' el malasangre de Caridad aprovechó para meterse con el fotógrafo Guinea al leerle en voz alta lo que Buñuel pensaba de los fotógrafos de prensa: «Escucha chispacero: 'Siento horror a los fotógrafos de prensa. Dos de ellos me asaltaron literalmente un día que paseaba por la carretera, no lejos de El Paular. Evolucionando a mi alrededor, no cesaban de ametrallarme, pese a mi deseo de estar solo. Yo era ya demasiado viejo para darles un escarmiento. Lamenté no ir armado'».

Al discutir sobre si el documental fue bueno o malo para Extremadura, llegamos a la conclusión de que hizo más bien que mal, ya que gracias a esos 27 minutos se invirtió en Las Hurdes, sobre todo en carreteras, y ahora está mejor comunicada que otras zonas de España.

Con el paso de los días le volvió la depresión a Caridad por ser extremeño, por ver que los jóvenes de su familia se han tenido que ir de esta tierra en busca del pan. Hablaba de Extremadura como de una madre que se quedaba sin hijos, y se volvió a parapetar de la tristeza en las barras de los bares. De vez en cuando, tras empinar el codo decía: «En Extremadura hace falta que venga otro Buñuel que nos saque de este abandono, que haga un buen documental sobre la Extremadura vaciada».

Un día llegó el bueno de Guinea a la Redacción y le dijo:

–Mira. He descubierto que el número de la lotería con el que Acín consiguió el dinero para el documental de Las Hurdes fue el 29.757. Lo he pedido para el sorteo de Navidad de este año, y me lo enviarán después de junio porque antes no venden lotería del Gordo. Te lo voy a regalar y, mientras tanto, aquí tienes un décimo del 92.697 para este 25 de mayo. Si te toca alguno ya tienes para hacer tu película. ¡Y deja ya de quejarte!

Caridad se quedó sin habla. Le miró y le dio un fuerte abrazo con los ojos vidriosos, temblequeandole la boca.

Lo cierto es que ha servido el remedio. Está más alegre. De vez en cuando mira el décimo y sonríe. El otro día llegó a preguntar en voz alta: «¡¿Alguno sabe cuánto puede costar contratar a Pedro Almodóvar durante dos meses?!».

Dos meses es lo que tardó Buñuel en hacer 'Las Hurdes, tierra sin pan'. La verdad es que pica alto el sensiblero cascarrabias.