Un buen beber

TROY NAHUMKO

Tengo dos pasaportes, dos nacionalidades y, sin embargo, llevo años sin poder votar en ninguno de los dos países. En Canadá, donde nací, hasta este año había una ley que establecía que si no habías vivido en el país durante cinco años, no podías ejercer tu derecho a votar. En el período previo a la votación del Brexit, previendo la intención de voto del millón y medio de británicos que viven en la UE, el gobierno inglés rechazó un proyecto de ley que habría eliminado su límite de quince años a los derechos de voto de los ciudadanos que viven en el extranjero. De hecho, solo gracias a la cómica farsa que se está llevando a cabo sobre el Brexit, todavía podré el domingo subir la cuesta hasta la diputación y ejercer un derecho, al menos a nivel local y de la UE: el derecho a votar. Es un derecho que tomo en serio. He vivido en Libia bajo Gadafi, Laos y su régimen comunista e incluso Azerbaiyán y Yemen con sus regímenes autoritarios escondidos detrás de fachadas democráticas que solo consisten en banderas y canciones vacías y jingoístas que repiten constantemente el nombre del país y su líder. He visto de primera mano lo que es no tener voz, sentirse impotente ante las decisiones que afectan directamente a las vidas. Es una realidad oscura que los españoles de cierta edad recordarán demasiado bien y que la gran mayoría preferiría dejar atrás. Pero poder votar es un derecho que fácilmente se da por hecho por aquellos que siempre lo han tenido. Especialmente cuando, no importa a quién se vote, las promesas raramente se cumplen y tu calidad de vida continúa disminuyendo. Cuando las promesas de la campaña se convierten en el equivalente a los desvaríos de un borracho que se olvidan al día siguiente, es fácil llegar a ser un cínico y abandonar el derecho por el que todavía luchan muchos. No puedo decir que haya visto muchas ideas concretas por parte de cualquiera de los candidatos más allá de palabras bonitas y modernillas como conciliación, desarrollo y sostenibilidad, pero gane quien gane, habrían ganado por algo. Esperemos que no tengan mal beber y el día siguiente recuerden lo que prometieron.