Carmen Heras: «No me arrepiento de haber sido alcaldesa»

Carmen Heras en la Facultad de Formación del Profesorado. :: lorenzo cordero/
Carmen Heras en la Facultad de Formación del Profesorado. :: lorenzo cordero

A sus 69 años, sigue dando clases en la Universidad y niega que dejara de lado a los vecinos de la Madrila que padecieron el ruido

Pablo Calvo
PABLO CALVOCáceres

Carmen Heras, 69 años, se convirtió en 2007 en la primera mujer alcaldesa en la historia de Cáceres. Gobernó en minoría («ahora se alaba mucho lo de acordar, a mí me decían que era debilidad»), y tras dejar la alcaldía en 2011 ha sido condenada en dos ocasiones, por el modo en que se pagó un festival cultural (ocho años de inhabilitación) y por el ruido en la zona de ocio de la Madrila (1,9 años de cárcel y ochos años y medio de inhabilitación). Heras defiende con elocuencia su gestión y confiesa que su mayor «desgarro emocional» ha sido tener que darse de baja del PSOE, en el que militó durante 30 años. El pasado miércoles excusó su presencia en el homenaje brindado a quienes estuvieron al frente de la Agrupación socialista de Cáceres. Afronta su último curso como profesora de Matemáticas en la UEx.

- Con 69 años sigue dando clases.

- No me he jubilado por tener algo que hacer. No por sueldo ni por otras cuestiones, sino porque soy una persona muy activa. He cumplido con creces en mi trabajo y no me he encontrado ni desfasada ni antigua. Me ha venido bien volver.

- ¿Se arrepiente de haber sido alcaldesa?

-No, no, en absoluto. Yo llegué muy joven a Cáceres, en 1973, me llamó Daniel Serrano, un buen hombre. He hecho mi vida aquí, me casé, tuve mi hijo, llevo 45 años en la Universidad y en la ciudad. Le estoy muy agradecida a Cáceres y sentía una especie de necesidad de devolverle esa acogida, trabajar unos años por la ciudad. Creo que para un político el mayor orgullo es ser alcalde, y yo lo afronté con mucha ilusión.

- ¿Cómo dio el salto a la política?

- Estaba cansada mentalmente del ámbito universitario, llevaba diez años de directora de Magisterio y me había cogido toda la reforma universitaria, con claustros muy complicados con los compañeros de Badajoz. Pero fue todo eso lo que me dio un poco de notoriedad. Me había hecho militante en 1986, todos mis amigos lo eran, iban a asambleas, en fin, era algo que formaba parte de mi círculo. En 1995 el partido vino a buscarme para que fuera de número 2 con Victoriano Roncero. Sabíamos que perdíamos, y dudé, pero era una cuestión de echar una mano, de amistades.

- Siendo diputada prefirió volver al Ayuntamiento en una ciudad muy difícil para el PSOE.

- Es algo que yo me lo he preguntado. Me empeño en volver, pese a que era portavoz en la comisión de Innovación y Desarrollo... desde el punto de vista pragmático o personal posiblemente me equivoqué. El partido de hecho me veía más allí, en el Congreso, pero quería desembarcar en la política local. Me sigue pareciendo que la política municipal es la más honesta de todas, aunque haya garbanzos negros. Me gustaba mucho el puesto de alcalde y me sigue gustando. Si un partido quisiera hacer algo importante, debería darle a los alcaldes otro trato, otra mirada, porque es la parte pobre de la política.

«Los hosteleros me odiaban todos, me lo han dicho ellos mismos, les hice gastar mucho dinero»

«(Urban Screens) Creo que Elena Nevado ahora mismo no hubiera hecho lo mismo»

- ¿Qué tipo de alcaldesa cree que fue?

- Puedo decir que trabajé muchísimo, eso nadie lo puede negar, tanto yo como los concejales que me acompañaron. Éramos conscientes del momento importante, tras 12 años del PP. Ser la primera alcaldesa me daba mucha responsabilidad, pero también llego con mucha ilusión de hacer otro tipo de política en la ciudad.

- ¿Qué ayuntamiento encuentra?

- Los ayuntamientos tienen una forma de hacer las cosas muy obsoletas, con unas inercias muy fuertes, los técnicos son muy garantistas, excesivamente, en el fondo así se ven importantes porque son ellos los que dan o no una licencia. Yo llegué con la ilusión de darle la vuelta, planteamientos más directos, pero luego la realidad es tozuda.

-¿Qué realidad?

- Tropiezo con un Plan de Urbanismo inacabado; un Consorcio de Cáceres 2016, que fue una idea del PP el presentarse, pero apenas se había hecho algo; con un presupuesto esquilmado y un montón de facturas que no están tramitadas..., y con dos socios muy dispares. Tengo la sensación de que políticamente no vendimos al 100% nuestra labor, pero también pienso que fui muy útil a la ciudad. Lo que no hice fue meterme con los anteriores, me dediqué a trabajar, sin ser perfecta.

- Por una factura el PP la llevó a la Fiscalía y finalmente fue condenada. ¿Qué pasó con el Urban Screens?

- Es un tema de irregularidad administrativa, pero esa factura nunca debió llegar a mí. Los filtros no funcionaron. Urban Screens era un proyecto del 2016 y el Consorcio tenía su propia entidad, estaba asesorado por el secretario del Ayuntamiento, el secretario de la Consejería de Cultura, los dos interventores respectivos y un asesor jurídico que además se había contratado. Fue el Consorcio el que contrató al Urbans Screens por dos años, después de una convocatoria pública. El primero se hizo con éxito; para el segundo nos dijeron que habían perdido un patrocinador privado. Yo dije: voy a ver cómo se puede ayudar. Se lo planteé a dos concejalías, la de Turismo y la de Fondos Europeos, y tras estudiarlo con los técnicos delante vieron que se podía pagar. Yo a partir de ahí me desentendí. El día que estaba recogiendo en mi despacho, el 10 de junio (de 2011), mi secretaria me trae la factura para que la firmara, y lo hice porque venía de Intervención. En realidad, era un reconocimiento de obligación, nunca dije páguese.

-Se la acusa entonces de partición de contrato.

- Sí, en eso la Ley de Contratos es taxativa, un contrato menor no puede pasar de 21.000 euros incluido el IVA. La actual alcaldesa para poder pagar pidió un informe al Consejo Consultivo y dice que no hay partición de contrato. ¿Por qué? Pues porque era para diferentes actividades: para una página web, para iluminar un edificio, etcétera. Pero la jueza luego entendió que sí. Es decir, la actual alcaldesa pudo pagar porque era legal lo que se había hecho y yo estoy inhabilitada.

-Elena Nevado ha dicho que tiene una buena relación con usted.

- El puesto político de la alcaldía enseña mucho. Yo creo que si Elena Nevado ahora mismo se viera delante de esta situación que he contado, quizás no hubiera hecho lo mismo. Yo he consultado a abogados de Derecho Administrativo y todos coinciden en que, como mucho, hubo una irregularidad administrativa, y achacable en todo caso al técnico porque no tuve ningún informe que me avisara. Yo creo que la madurez es un grado y la alcaldía de una ciudad como esta enseña mucho. La Elena Nevado de ahora no es la alcaldesa de sus dos primeros años de legislatura (2011-2013). Con ella me llevo bien, sin una relación profunda, pero bien, de respeto. Y es verdad que en el tema del ruido, cuando he solicitado alguna información el Ayuntamiento me la ha facilitado, que por otro lado era lógico. Al estar ya fuera, carecía de papeles para afrontar los juicios y ha pasado mucho tiempo para acordarme de todo (se le ha rebajado la condena por dilación indebida en el caso del ruido).

- ¿Siente que dejó de lado a los vecinos de la Madrila?

- Nunca. En absoluto. Esa es una de las cosas que se han dicho que son falsas. Otra cosa es que estuviera todo el día reuniéndome con ellos. No lo veía necesario, lo hice un par de veces y el concejal (Carlos Jurado, de Seguridad) también se reunía. Además, el presidente de los vecinos (Miguel Salazar) me decía que el tema iba a mejor y en gran medida hacíamos lo que nos iban pidiendo. Contestamos al Defensor del Pueblo, hicimos un escrito de respuesta a la Fiscalía, elaboramos una Ordenanza para tener una herramienta, que por cierto impugnaron los propios vecinos y por eso se retrasó. ¿dónde está el abandono? como alcaldesa tenía multitud de temas que tratar, pero ese era un objetivo prioritario: Aldea Moret y el ruido de la Madrila. Lo tengo escrito en mis apuntes.

- ¿Y la relación con los hosteleros?

- Los hosteleros me odiaban todos, nunca me han votado, es algo que me lo han dicho ellos mismos. Les hice gastar mucho dinero para insonorizar porque con la Ordenanza se les apretó mucho. La que les obligó a cumplir fui yo, y al final me sientan al lado de ellos. Yo estaba en el otro campo, equivocada o no, estaba al otro lado, y perdí todos sus votos. Es la gran paradoja.

- La presentación de la querella fue un mes antes de las elecciones, ¿cree que tuvo motivos electoralistas?

- No me gusta hablar de lo que no sé, lo único que sé es que no se lo hicieron a Sánchez Polo, ni a Saponi ni a la actual alcaldesa. No creo en las casualidades y en política no existen.

- ¿Cómo observa la ciudad, se dice que ha perdido el dinamismo de los noventa o es una visión pesimista?

- Creo que está muy parada. Desde el punto de las administraciones y también de la cuestión colectiva. No creo que haya un proyecto en el que todos se sientan copartícipes, cada uno está en su grupo de aficiones o de intereses. Me preocupa la imagen que se ve de comercios cerrados, poca gente joven... Cáceres tuvo una expansión que empezó con Sánchez Polo y continuó, gracias a esa base, con Saponi, que yo intenté mantener desde el punto de vista cultural y social para producir una efervescencia, atraer gente a la ciudad, y eso está ralentizado. Además, tenemos un tipo de empresariado que muchas veces no puede ni pagar la renta del local en el que está, que son altísimas. El cacereño siempre piensa que el cambio le puede perjudicar, y eso solo se combate introduciendo factores y alicientes que te obliguen a reaccionar. Por eso va a ser tan importante la llegada del AVE, por ejemplo.

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