Apuesta filosófica

Apuesta filosófica
ESTEBAN CORTIJO

Hace tres meses perdí una apuesta y ya la pagué. ¡Qué gusto te da y más si has tenido valor para decir al camarero que el vino estaba malo!

Para los que no lo saben diré que en el Ateneo se celebran sesiones semanales de distinto tipo (historia, astronomía, literatura, idiomas, baile, conferencias y exposiciones) desde aquel 12 de marzo de 2001 que abrió sus puertas a todos los cacereños. Pues bien, una sesión de esas, todos los miércoles del año excepto julio y agosto, se dedica a la Filosofía. Imaginad la cantidad de asuntos y debates vividos y tratados con tanta libertad ideológica como respeto, escuchando además no solo a los diversos profesores que ocupan la mesa principal sino al público, sobre todo si alguien se empeña en hacer cambiar de opinión a alguno de los ponentes.

Este segundo trimestre del curso académico 2018/19 ha ocupado esta cátedra el titular de la materia en el Instituto Hernández-Pacheco de Cáceres, Antonio Salido. Después de haber venido desgranando durante más de diez años gran cantidad de disciplinas y autores desde la Ética a la Estética, desde Platón a Hegel y, el próximo año, desde Foucault a Bauman, pareciera que su objetivo, en este ciclo que se clausuró el miércoles pasado, era hacernos entender, a su manera, ese tiempo oscuro que fue la Edad Media.

Cuando me lo dijo me aposté con él una comida a que no irían más de cuarenta asistentes -que puede ser la media de estos miércoles al sol de la filosofía- debido a la identificación de lo medieval con el feudalismo, la inquisición, las cruzadas y la peste. Pero perdí. Roza los cincuenta.

Antonio no es precisamente optimista pero nos invita a leer el libro que le ha publicado el Ateneo y la Universidad de Extremadura, «Tiempo de trascendencia y memoria» que, según escribe, tome nota, lector, es «El testimonio de mi fracaso». Reitera, cuando se lo preguntas, que su papel no es otro que exponer el movimiento de las ideas sin comprometer su opinión personal, más allá de identificar tiempos de oscuridad con otros de supuesta ilustración. y en esa contraposición de ideas, tanto en su discurso como en la conciencia de cada cual, está la riqueza de cada sesión, la necesidad de este espacio en Cáceres para aprender nuevas doctrinas, interpretar mejor las viejas y, al fin, para derribar el muro de la pereza intelectual.