80 años no son nada

FIDEL POZAS

Si dividiéramos la historia reciente de nuestro país podríamos dibujar dos bloques antagónicos. En el primero situaría los cuarenta años que siguieron al conocido anuncio de abril de 1939 «en el día de hoy, cautivo y desarmado, el ejército rojo..», marcado por una férrea dictadura que dio inicio a un periodo oscuro, de aislamiento, represión y miedo; la España del Nodo y del nacional catolicismo, la España como dios manda, que dirían algunos. El segundo bloque se inicia con la Constitución de 1978 y es un periodo de libertad, democracia e igualdad, puesto en peligro por el intento de golpe de estado de 1981 y los sangrientos asesinatos de la ya extinta ETA.

Para mi generación, da la sensación que ochenta años no son nada, aunque resumen lo contado y lo vivido; para el resto, definen nuestra idiosincrasia como país, con sus contradicciones y sus fracasos. Hay cosas de las que enorgullecerse y otras de las que mejor no hablar. En el primer grupo, que es el que nos interesa, sitúo todo lo construido por nuestra democracia: sanidad y educación pública, integración en la Unión Europea, desarrollo del Estado Autonómico.

Todo lo logrado está siempre en cuestión: desde el propio sistema democrático hasta los pilares del estado del bienestar. Las crisis las pagan siempre los mismos mientras se rescatan bancos, se intenta tapar la corrupción, se ponen trabas a la independencia judicial y surgen nuevos partidos como Podemos y Vox. Nuestro sistema, aunque imperfecto, funciona; pese a todo se mueve, que diría Galileo.

Dicen que la historia se repite, pero lo que se repiten son los fracasos. Es fácil hacer lecturas grandilocuentes a toro pasado, pero con la perspectiva de estos ochenta años, estoy convencido de que algunos errores, los más dolorosos, no los vamos a cometer nunca más. Entre todos decidimos el destino del país que queremos para nuestros hijos. Tengo la impresión que estamos ante un punto de inflexión, el tiempo dirá si para bien o para mal.