«Actuar en el teatro de mi ciudad ha sido como cerrar un ciclo»

'Re cordis' reflexiona sobre la memoria y el paso del tiempo. :: cedida/
'Re cordis' reflexiona sobre la memoria y el paso del tiempo. :: cedida

El intérprete puso sobre las tablas del Gran Teatro su proyecto personal 'Re cordis', una reflexión sobre la memoria

CRISTINA NÚÑEZ

Lleva una ya larga carrera escénica a sus espaldas pero Alberto Amarilla (Cáceres, 1980), nunca había actuado el Gran Teatro, el principal escenario de su ciudad. Lo hizo ayer, con su proyecto más personal, 'Re cordis, un viaje desde la mente al corazón', con el que muestra sus facetas de autor y director, además de intérprete. Ha trabajado en proyectos de altura desde su debut cinematográfico en Mar Adentro en 2004 con Amenábar y su papel protagonista en El Camino de los Ingleses con Antonio Banderas en 2005. Tras su estreno en el Festival Surge Madrid en 2017 ha llevado 'Re cordis' por distintas ciudades españolas. Ayer, la emoción de actuar en su ciudad se fundió con la profundidad de una obra en la que se habla de los recuerdos «no como un acto de melancolía sino de conocimiento, volver a pasar por el corazón a todos aquellos seres que un día lo habitaron», explica el propio Amarilla. Teatro de emociones a flor de piel con un actor en la soledad del teatro y la voz en off de Nuria Gago.

-¿De dónde surge esta idea de reflexionar sobre el deterioro y la memoria?

-Estaba trabajando sobre la identidad en un taller con Sol Garre, una persona vinculada al teatro y al mundo de la neurociencia, y ahí apareció la posibilidad de trabajar sobre la identidad. Quería hablar sobre cuál es el papel del actor en el mundo. El actor tiene la capacidad de ponerse en la piel del otro, de poder encarnar a personas que no tienen que ver con él, a partir de ahí se empezó a generar un proyecto con una persona que no recuerda quien es y que él mismo encarna sus propios recuerdos. La propuesta une estructura clásica, pero por otro lado con un lenguaje más disruptivo, donde no hay una estructura lógica.

-¿Cómo ha sido ese proceso de autonomía, de no depender de nadie para crear un personaje?

-Ha sido una aventura muy enriquecedora, porque he unido partes que me interesan como son la interpretación y la dirección, pero sí que tengo que decir que cualquier proyecto de estas características requiere un esfuerzo brutal para moverlo y mantenerlo en pie. Es algo muy personal y una antesala para empezar a generar proyectos propios.

-¿Cómo ha sido esto de actuar por primera vez en el Gran Teatro?

-Estoy muy agradecido a Silvia (González, la directora de este recinto) por haberme dado esta posibilidad. Para mí es algo bonito, he actuado en Mérida, y aquí en la ciudad en Maltravieso, pero era importante. Actuar en mi ciudad ha sido como cerrar un ciclo.

Tres lustros

-Han pasado ya 15 años desde el rodaje de 'Mar Adentro', la película de Amenábar en la que participó. ¿Qué queda de ese Alberto Amarilla?

-Tengo la sensación de que me veo igual, suena poco creíble pero creo que no he cambiado mucho. Se me ha pasado el tiempo muy rápido y tengo la misma sensación de ser ese chaval que estudiaba en el Norba. De repente te miras al espejo y piensas: ¿qué ha pasado? Es como si el que va en el tren fuera el mismo pero solo cambiara el paisaje. En 15 años ha cambiado hasta el negocio del cine. El cine estaba ahí, entró la crisis, después las series, las plataformas digitales.

-¿En qué momento está el teatro?

-Las circunstancias siempre son difíciles en el teatro, pero hay mucho talento. A principios de este siglo hubo un movimiento importante de dramaturgos en Cataluña. Ahora también hay un montón de dramaturgos nuevos que son excelentes, del resto de España, hay una nueva dramaturgia española muy interesante.