La escuela de los que vienen de lejos

Alumnos extranjeros de la Escuela de Adultos participantes en las jornadas multiculturales. :: l. cordero/
Alumnos extranjeros de la Escuela de Adultos participantes en las jornadas multiculturales. :: l. cordero

El Centro de Adultos cuenta con estudiantes de 42 países

CRISTINA NÚÑEZ

Jacinta cuenta cosas muy duras sin perder el gesto amable. Cosas como que en Kenia, su país, desde pequeñas las niñas van siendo aleccionadas para ocuparse del hogar, de sus hermanos pequeños, de acarrear el agua, de las labores cotidianas. Esto no son techos de cristal, sino auténticos muros de hormigón, que, pese a todo van derribándose. «Ya hay algunas mujeres que destacan como deportistas, artistas o doctoras», apunta. También explica que la ablación del clítoris es algo que les sucede a las chicas en Kenia, pero que «poco a poco va retrocediendo esta práctica» brutal. De todo esto daba cuenta ayer mientras se proyectaban fotos que testimoniaban el embrujo del continente africano. Ella es monja, hermana del convento de San Pablo y alumna de Secundaria del Centro de Educación de Adultos Maestro Martín Cisneros, que estos días celebra sus semana de la solidaridad y la multiculturalidad.

Una obra de teatro, recaudaciones solidarias, conferencias, exposiciones, música y comidas del mundo conforman esta actividad, que continúa hasta hoy. Durante el curso se llevan a cabo distintas actividades para dejar patente que a este centro acuden un buen número de personas de distintas nacionalidades. Hay 42 diferentes entre los 270 alumnos matriculados. Marruecos, Túnez, Palestina, Ecuador, Estados Unidos, Ucrania, Siria y Venezuela, entre otros muchos, son algunos de los países de origen de los estudiantes de esta escuela. Todo un filón de vivencias que durante varias jornadas se adueñan de este centro. Ayer por la mañana unos cuantos estudiantes protagonizaron 'Alumnos sin fronteras'. Primero se proyectó el corto 'Proverbio Chino' y después contaron sus vivencias.

Araceli Rubio es la directora del Centro de Adultos. «Hace más de dos años solicitamos un proyecto de innovación sobre educación para el desarrollo, empezamos a colaborar con dos oenegés, tenemos a muchos inmigrantes y refugiados, estas actividades mejoran la convivencia», explicaba.

Refugiados

Una buena parte de esta población cuenta con un buen nivel educativo, incluso con títulos universitarios. Es el caso de Mamadou, de 27 años y de Costa de Marfil. Es licenciado en Contabilidad, «pero no puedo hacer nada porque no está convalidado». Llegó en calidad de refugiado político hace 11 meses. «Ahora hablo bastante bien, al principio me costaba mucho», afirma con bastante nitidez. «En mi país no podía quedarme por cuestiones políticas, pero no puedo contar más», añade.

También el palestino Hamza Tawayh tiene la condición de refugiado. Lleva en Cáceres más de un año. «Todavía no trabajo, ahora estoy estudiando español, allí estudié Deporte y trabajé como camarero».

Carmen Illana detalló en sus ponencia cómo es su «linda tierra», Perú, por la que ayer hizo un viaje emocional en el que pudieron verse montañas, valles, ruinas, rica gastronomía, bailes típicos y tradiciones. «Llevo aquí 20 años, vine muy joven y por viajar, porque me gustaba mucho la aventura, fui a ver a una tía en Madrid, luego me casé, tuve mi hijo». Actualmente trabaja en un hotel como camarera. Dice que siempre se ha encontrado con gente buena y agradable que le ha hecho más fácil el camino.

Fue el amor, en cuyo surgimiento tuvo que ver Internet, el que trajo a Extremadura a Jeniza. Con discapacidad visual esta joven panameña de 35 años explica que la adaptación fue difícil. «El idioma me ha costado, porque aunque es el mismo, hay giros diferentes», explica. Actualmente está en segundo curso de la ESO. «Al menos necesito conseguir esto, y me sirve no solo para la titulación, sino para cuando opte a la nacionalidad».

José Hinojosa es profesor de este centro y uno de los impulsores de esta iniciativa. Introdujo las charlas con varias fotografías de exiliados por la guerra civil española, para generar una reflexión sobre cómo una persona puede encontrarse súbitamente en una situación que le obligue a salir del país y verse en un lugar desconocido. «Empezamos con el proyecto porque detectamos algunas actitudes en alumnos cercanas al racismo», explica. Se arrancó con dos líneas de trabajo que eran las migraciones y la mujer en los países en desarrollo, cuenta Hinojosa.