«Lo más bonito ha sido escuchar a mi abuela decir que está muy orgullosa de mí»

Luis Merchán, de 17 años, en el Paseo de Cánovas. :: armando méndez /
Luis Merchán, de 17 años, en el Paseo de Cánovas. :: armando méndez

Luis Merchán, estudiante del Hernández Pacheco, ha obtenido el premio nacional al rendimiento académico en Educación Secundaria

MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

Luis Merchán vio su nombre publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOP) y supo entonces que acababa de conseguir el Premio Nacional al Rendimiento Académico en Educación Secundaria Obligatoria (ESO) junto a otros 14 alumnos de todo el país. Tiene 17 años y acaba de terminar primero de Bachillerato en el IES Hernández Pacheco. El próximo año se marchará a la universidad. Se matriculará en Traducción e Interpretación porque, asegura, los idiomas son su pasión. Lo tiene claro.

Estudia violín en el Conservatorio Oficial de Música y aprende alemán en la Escuela de Idiomas. De todas las alegrías que le ha reportado el galardón nacional, confiesa, la mayor ha sido ver la cara de felicidad de su abuela Matilde. «Lo más bonito ha sido escuchar a mi abuela decir que está muy orgullosa de mí», admite el joven, natural de Jaraíz de la Vera y residente en Cáceres desde hace ocho años.

La abuela Matilde tiene motivos para sonreír. El premio de Luis es un reconocimiento a la constancia, a la buena marca conseguida en la carrera de fondo que son los cuatro años de la ESO. Todos los alumnos galardonados comparten un requisito: una nota media igual o superior a 8,75 y un sobresaliente en cuarto de ESO en Lengua Castellana y Literatura, Matemáticas y Lengua Extranjera.

De estas tres asignaturas tuvo que examinarse el pasado mes de enero en Mérida para optar al premio nacional tras conseguir el regional. El pasado jueves, día 30, estuvo en Madrid, en un acto convocado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, para recoger el galardón, dotado con mil euros. «El dinero voy a guardarlo por si alguna vez lo necesito. Este verano me voy de viaje», avanza. Pasará sus vacaciones en Arizona. Devolverá a la visita a una amiga que participó en un programa de intercambio en Cáceres.

Luis huye del calificativo empollón porque, dice, no se ajusta a su perfil. «Esa etiqueta no me sirve porque se supone que un empollón es una persona que está todo el día estudiando. Y ese no es mi caso. Compagino el instituto con el Conservatorio y la Escuela de Idiomas», apunta. Le gusta definirse como una persona «trabajadora y constante».

De letras

Hijo de maestros, tiene una hermana dos años mayor que él. Ella le regaló el libro que estos días reposa sobre su mesilla de noche: '1984', de George Orwell. La lectura es una de sus aficiones. También le gusta ver series en versión original.

Es, con todas las consecuencias, un chico de letras. «De latín y griego», presume. Con su buen expediente académico, hubo quien le sugirió en su momento que se decantara por la rama de ciencias. «En cuarto nos hicieron dividirnos y yo fui por letras porque lo tenía muy claro. Hay gente que me dijo que cómo iba a ir por letras pudiendo hacer algo de ciencias. Pero me daba un poco igual. Yo sabía que las letras eran lo mío. Con lo bonito que es este mundo...», relata.

No descarta dedicarse a la docencia una vez que termine la carrera. De momento, prefiere saborear los ecos del premio. «Me ha dado satisfacción personal. Y queda bien en el expediente. Digo yo que me abrirá alguna puerta. Pero mis padres y mis profesores le han dado más importancia que yo», concluye.

En ese expediente al que Luis alude hay ya otros galardones, como el segundo premio logrado en el X Concurso Regional de Ortografía o el reconocimiento obtenido hace tres años en el concurso de relato corto dirigido a jóvenes talentos que organiza Coca-Cola.