La ciudad se encomienda a Santa Clara

Hasta el convento de Santa Clara llegan estos días ofrendas de huevos. :: jorge rey/
Hasta el convento de Santa Clara llegan estos días ofrendas de huevos. :: jorge rey

Los cacereños mantienen la tradición de llevar huevos a los conventos de clausura para ahuyentar el riesgo de lluvia

MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

Con la temporada de bodas, bautizos y comuniones inaugurada y el riesgo de lluvia asomando en las previsiones meteorológicas, estos días hay quien no se resiste y se encomienda a Santa Clara para que el agua no haga acto de presencia en su fiesta. La tradición se mantiene.

Hasta los conventos de clausura de la ciudad llegan durante esta primavera ofrendas de huevos. Una novia, la futura suegra o la madre de un niño a punto de hacer la comunión entrega este donativo a cambio de que las religiosas dediquen oraciones a Santa Clara para ahuyentar la amenaza de lluvia. La garantía, precisan las propias monjas, no está asegurada.

En Cáceres hay dos sitios de referencia para entregar los huevos. Se trata del convento de Santa Clara, ubicado en la plaza homónima. En su interior viven 14 religiosas de clausura, de la orden de las clarisas. Clarisas son también las 16 monjas que habitan el convento de San Pablo, a escasos metros de la Plaza de San Mateo y el Palacio de las Veletas, en pleno casco histórico.

Aunque en menos ocasiones, las ofrendas llegan de vez en cuando al convento de las jerónimas, habitado por once monjas y situado en las traseras del Parador de Turismo. En este caso, quienes se acercan hasta aquí suele ser por confusión y son las propias religiosas las que invitan a los donantes a dirigirse hasta uno de los dos conventos de clarisas.

En Cáceres Santa Clara sigue recibiendo huevos, a pesar de que se haya extendido el rumor de que la costumbre ha caído en desuso. Nada de eso. Lo confirman desde una tienda próxima al convento de la Plaza Santa Clara. La semana pasada una señora se llevó cuatro docenas para ofrecérselas a la santa, convertida en patrona popular del buen tiempo. Se casaba su hijo. Como las nubes respetaron, la misma señora ha regresado esta semana al súper y ha comprado otra docena, esta vez para entregársela a las monjas como muestra de agradecimiento.

Al otro lado del torno que vela por la clausura de las religiosas en ese convento, una voz dulce indica que las oraciones no solo van encaminadas a las cuestiones climatológicas. «Pedimos para que los novios sean felices y el matrimonio dure toda vida», señala. De Santa Clara no solo se acuerdan quienes van a contraer matrimonio. Con la proliferación de eventos sociales de mayo, hasta aquí llegan huevos de familias que tienen a la vista una comunión, un bautizo o una celebración importante al aire libre. Y hay, incluso, quien se acuerda de Santa Clara para que interceda en los exámenes de carrera o de oposición.

El destino de los huevos

Los huevos se destinan a la elaboración de dulces y al consumo propio. Las monjas de San Pablo y las jerónimas de la calle Olmos viven de la venta de repostería artesanal. Tienen fama sus tocinillos de cielo. No es el caso de las religiosas del convento de Santa Clara, que centran su actividad en la costura de túnicas y mantos para cofradías.

No obstante, esta tradición ha vivido épocas mejores en la ciudad. Desde el convento de San Pablo aseguran que las ofrendas van menguando con el paso del tiempo. «Ya no entregan muchos huevos», señala una de las religiosas.

La hermana Jacinta es la superiora del convento de las jerónimas. Cada vez que alguien llega con una o varias docenas de huevos, cuenta, le indican que debe llevarlos a las monjas clarisas. Pero hay quien insiste en entregárselos a ellas. En ese caso, los aceptan. «Algunas veces los novios vienen a darnos las gracias porque no ha llovido en su boda», zanja la religiosa tras el torno.

 

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