«Hablar del agua no te moja, hay que tirarse la piscina»

Enrique Mendoza. :: l. c./
Enrique Mendoza. :: l. c.

Enrique Mendoza Abogado y empresario

J. J. G. CÁCERES.

No basta con hablar de ética en los negocios. Hay que practicarla en el día a día. Es uno de los mensajes que lanza Enrique Mendoza, abogado granadino que tiene también una amplia trayectoria como empresario, como alto directivo de importantes firmas internacionales en varios países, no sólo España sino también Chile, Brasil, Francia, Argentina o México. «Cuando se habla de la ética en los negocios todos asistimos a declaraciones grandilocuentes, pero yo abogo por la ética de todos los días, de cómo nos debemos comportar». De manera metafórica lo explica así: «hablar del agua no te moja, hay que tirarse a la piscina». De esta manera, quiere poner de manifiesto que no bastan las palabras sino el ejercicio práctico, su materialización.

«Hablar de ética no cambia la realidad si no se ejerce y se materializa en cosas concretas», dice y pone como ejemplo de esos comportamientos los que deben ser practicados por los directivos, por los jefes: tratar bien a los empleados. ¿Qué hacer si la codicia está en la naturaleza del ser humano? Mendoza reconoce que es así y por ello cree necesario dos tipos de acciones: las del ámbito personal y las institucionales, en este último caso las relacionadas con el entramado legal, con los mecanismos judiciales. Sin embargo, cree que no basta tampoco sólo con las leyes: «lo eficaz es lo educativo». Por ello ha participado en la experiencia del grupo de profesores de la Facultad de Empresariales de Cáceres.

Sus experiencias, ideas y mensajes los plasma en un libro titulado 'Viva mi gente, cinco acciones básicas que te ayudarán a dirigir mejor'. Se cemtra también en una parte de la ética, la que tiene que ver con la relación entre los jefes y los empleados y sus consecuencias sobre el funcionamiento de la empresa e incluso sobre los resultados económicos, Porque, en su opinión, «tratar bien a la gente es más rentable».

No se trata sólo de asumir o llevar a la práctica buenas intenciones sino de mejorar también la empresa: «Por mi experiencia he llegado a la conclusión de que puedes ganar más y hacer más rentable la empresa si tratas mejor a la gente a la que tienes la responsabilidad de dirigir».