Rosario Cordero inicia su mandato: «No me busquéis en placas de inauguraciones»

Rosario Cordero inicia su mandato: «No me busquéis en placas de inauguraciones»

La nueva presidenta de la Diputación fue investida con los 13 votos del PSOE y el del representante de Ciudadanos, y la abstención de los 11 diputados del PP

MANUEL M. NÚÑEZCáceres

A las 12.29 horas, con el salón de plenos del Palacio Provincial repleto, con el termómetro disparado hacia las alturas casi tanto como las emociones de algunos, Rosario Cordero, la hija de Fabiano y Antonia, la licenciada en Derecho por la UEx que pudo salir del pueblo y acabar sus estudios gracias a las becas «del Gobierno socialista», la que luego ha sido la alcaldesa más votada de Cáceres, la que saca orgullosa a relucir el nombre de Romangordo, fue investida como nueva presidenta de la Diputación. Su abrazo con el que será próximo jefe de Gobierno de la Junta, Guillermo Fernández Vara, y con Fernando Manzano y Laureano León a sus espaldas, escenifica el cambio que provoca en las grandes instituciones de la administración el resultado de los comicios del 24-M. La votaron los 13 diputados socialistas y el de Ciudadanos. Los 11 del PP se abstuvieron.

No quedaba un solo hueco en la sala y aún faltaban varios minutos para que arrancase la sesión de constitución a mediodía. Allí estaban muchas de las principales autoridades, pero no todas. La vuelta de los socialistas al Ejecutivo provincial dejó más presencia entre ellos que entre los populares. No faltó el expresidente de la Asamblea. Tampoco su sustituta, Blanca Martín; el último presidente de la Diputación de Badajoz, Valentín Cortés; la presidenta de la Audiencia Provincial, María Félix Tena; el teniente coronel de la Guardia Civil, Laureano Martín; el comisario de Cáceres, Luis Ochagavía; el vicepresidente de Liberbank, Víctor Bravo... entre una larga lista.

La delegada y la subdelegada del Gobierno, el portavoz del grupo municipal socialista, el de Ciudadanos y numerosos diputados regionales y exdiputados provinciales no se lo quisieron perder. Por un compromiso personal, no acudió la alcaldesa Elena Nevado. El Gobierno municipal estuvo representado por su portavoz, Rafael Mateos. También se vio a Juan Andrés Tovar, que hasta ayer era el último presidente socialista. Y al que fue su mano derecha y actual secretario provincial del PSOE, Miguel Ángel Morales. Hubo representación religiosa, militar... y familiar. Esta última fue la que más se hizo notar. En especial cuando, tras el acto oficial, llego la hora del reparto de abrazos.

Entre las imágenes de la mañana, el llanto de la hermana de la nueva presidenta al felicitarla. O el de los amigos que llegaron desde Romangordo (264 vecinos) para ser testigos de la proclamación de su paisana como presidenta. Con un vestido estampado de colores verde y blanco, con la emoción en el cuerpo y tras recibir el bastón de mando de manos de su compañero Miguel Salazar, presidente de la mesa de edad, la presidenta dejó claro en su intervención que viene dispuesta a marcar distancias con el pasado. No citó en ningún momento al expresidente León, con el que luego se saludaría, pero las referencias a su mandato estuvieron muy presentes en un discurso de 15 minutos y 44 segundos que fue interrumpido hasta tres veces por los aplausos y en el que la palabra 'pueblo', tanto en singular como en plural, la pronuncio en 18 ocasiones.

Fueron contundentes sus primeros compromisos: la reapertura de casas de cultura y bibliotecas cerradas en los pueblos, la gestión «de una manera conjunta» de las depuradoras con los ayuntamientos, la creación de la unidad de asesoramiento a municipios o la puesta en marcha, de nuevo, del Francisco de Sande. «Haremos todos los esfuerzos posibles para volver a abrir el colegio mayor», reiteró ante un auditorio que escuchó sus referencias a la igualdad entre hombres y mujeres -un mensaje claro a la bancada popular, sin representación femenina-, al municipalismo, al empleo, al mundo rural, al consenso («Tiendo mi mano a los grupos de la oposición», incidió) o la transparencia. «Nuestros bolsillos serán de cristal», garantiza la que será segunda presidenta de Diputación. Trabajará para recuperar «la confianza de la sociedad en las instituciones» y anuncia dónde la podrán encontrar: «Estaré en los pueblos y en las comarcas, hablando, buscando acuerdos. No me busquéis llenando la provincia de placas en las inauguraciones, no me busquéis arriba. No estaré en el pedestal», augura.

Lectora de la Generación del 27, su intervención final fue a la vez un homenaje a Miguel Hernández y una descripción íntima:

«Vientos del pueblo me llevan,

vientos del pueblo me arrastran...»

Cordero preside una Corporación en la que solo quedan seis caras de la anterior etapa. Cuatro en el PP y dos en el PSOE. La renovación es del 74 por ciento. De los 25 diputados, 15 son alcaldes y el resto concejales. 19 hombres y seis mujeres, una menos que en el anterior mandato. La edad media es de 43 años. La bancada del PP está llena de hombres y tiene destacados alcaldes o concejales de algunas de las ciudades más grandes (Cáceres, Plasencia, Coria). Su portavoz será Alfredo Aguilera, alcalde de Malpartida. En el PSOE predominan representantes de pequeños municipios. Son siete hombres y seis mujeres. Las únicas.

Se pusieron ayer lo mejor su vestuario. Pero hubo de todo. Los 11 diputados del PP lucieron corbata. Todos juraron sus cargos, excepto Juan Pedro Domínguez, alcalde de Deleitosa y exsecretario de EU, que lo prometió. Al igual que Víctor Peguero, de Ciudadanos. No le faltaron traje y corbata. Entre los socialistas, solo hubo uno que juró. Fue el concejal de Losar de la Vera Juan Antonio Bravo, que lo hizo además en camisa blanca y sin chaqueta. Alfonso Bertrán, Álvaro Sánchez, Miguel Salazar y Luis Fernando García se dejaron la corbata en casa. Las diputadas eligieron sus propios vestidos, de una o dos piezas, estampados, de varios colores o de un solo color, como el rojo intenso de María Ángeles Díaz, alcaldesa de Berzocana. Marifé Plata, alcaldesa de Cabrero, prefirió ponerse pantalón.

También los hubo, entre ellos, que quisieron ir cómodos y lucieron vaqueros, como Alfonso Bertrán o Luis Fernando García. La anécdota de la mañana la protagonizó el secretario de la Diputación. Tras formarse la mesa de edad, con el diputado más joven (Víctor Peguero) y el de más edad (Miguel Salazar), llamó para ser proclamado diputado dos veces seguidas a Juan Pedro Domínguez (PP). Rápidamente se justificó: «Es que no le había puesto la cruz». Las carcajadas retumbaron en medio del protocolo oficial.

 

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