Voto de silencio

Ignacio Gragera, en la puerta de la sede de Ciudadanos en Badajoz:: PAKOPÍ/
Ignacio Gragera, en la puerta de la sede de Ciudadanos en Badajoz:: PAKOPÍ
ROCÍO ROMEROBadajoz

A los alcaldes se les nota por la calle que lo son. No cesan de saludar, se quedan mirando el trozo de la acera que está hundido y se paran para oír las quejas de cualquier vecino, aunque quizás cuando lleguen al despacho ni se acuerden de lo que les han dicho.

Sin embargo, aquí llevamos una semana con alguien con capacidad para poner y quitar a un alcalde que prácticamente no ha dicho ni mú. Nunca un tercero tuvo mayor poder en Badajoz que Ignacio Gragera, el candidato naranja que lleva ya días sin abrir la boca.

El fin del bipartidismo ha traído el fin del localismo. Resulta que los concejales no deciden por sí mismos, ni tampoco su estructura en la ciudad o en la región. Al futuro alcalde de Badajoz lo van a elegir los pesos pesados de un partido de origen catalán en Madrid. Y lo harán en función de cómo les vaya quedando el mapa de pactos de toda España.

La sorpresa de Ciudadanos el 26M no está en que retrocediera con respecto al 28 de abril y quedara por detrás del PP en la ciudad. La sorpresa está en que han elaborado una lista de gente atractiva a la que no dejan hablar para que al final voten lo que les digan desde la capital del reino. Otros también lo hicieron antes en muchas otras situaciones, pero no iban envueltos en la bandera de la nueva política para terminar haciendo lo mismo de siempre.

Gragera solo ha dicho que optará por quien asuma mejor su modelo de ciudad, que en realidad es muy parecido al de socialistas y populares. Salvo los impuestos, que Cs quiere bajar y en el PSOE parece que quieren subir, no hay muchas más diferencias.

Criterios sin especificar

Los de Albert Rivera no han especificado sus criterios. No sabemos qué norma les guiará. Aunque es muy probable que ni ellos lo sepan más allá de ir cuadrando pactos por territorios y tratando de quedar bien con todos.

A estas alturas algo podrían haber dicho. Por ejemplo: apoyaremos la lista más votada o apostaremos por la renovación allí donde los partidos en el gobierno lleven más años. Incluso, «daremos gobiernos al partido que más nos dé». En esos tres casos tendríamos alcalde del PSOE, que además de ganar las elecciones en Badajoz tiene mayoría absoluta en la Asamblea y Vara puede ofrecerles lo que quieran.

Otro ejemplo es que dijeran que pactarán por cercanía ideológica o que mantendrán a los alcaldes a quienes respaldaron en el último mandato. Si así fuera, tendríamos a Fragoso otros cuatro años.

De las pocas cosas que ha aclarado el candidato de Badajoz es que «la política municipal no es cuestión de ideología, sino de gestión». Así que no se sabe si esto significa que continuará el PP, que lleva a gala lo bien que va el Ayuntamiento económicamente, o al PSOE, que se queja amargamente de lo mal que va la ciudad. Esa es una tarjeta que le deja las manos libres para apoyar a cualquiera.

Lo cierto es que ha pasado una semana y aún no sabemos qué ocurrirá. Ni siquiera en qué lugar aparece Badajoz en la lista que Cs tiene sobre la mesa. En esa misma relación esperan cuatro comunidades autónomas, otras seis capitales de provincia tan importantes como Madrid o Zaragoza, y un buen puñado de ciudades relevantes. Ni siquiera sabemos si Albert Rivera ubica Badajoz, habida cuenta de que es el único de los tres primeros espadas que no ha visitado la región esta campaña.

Así las cosas, bien puede Ricardo Cabezas saborear la victoria de las urnas por si finalmente quedar el primero no significa gobernar. El candidato socialista corre el riesgo de quedarse con la misma cara que Antonio Manzano, el candidato del partido nacionalista de Badajoz que ha sido concejal durante tres días, entre las elecciones y el recuento definitivo.

A Cabezas ser el más votado no se lo quita nadie, aunque empuñar el bastón de mando sea otra cosa. Eso depende de Ciudadanos y del momento en que decida romper su voto de silencio.