Los que votamos en el lejío

MANOLO LÓPEZ

Si es muy fácil, te digo. Vas con el DNI, te acercas a la mesa, te fijas en el 'cipol' de los interventores, les miras fijamente y sonríes, «sarna con gusto no pica», te dicen los militantes, te buscan en el listado, te tachan, le das al presidente tus sobres, libera la ranura de la urna, depositas tus sobres y el presidente, con voz apropiada, engolada si es preciso, mira al techo del aula (porque estás en un colegio, mayormente de EGB) y dispara con la fórmula ya sabida: «Votó». Eso es lo que yo creía que me podía pasar en las últimas elecciones en las que he votado, las municipales del pasado 26 de mayo. Yo iba a votar en mi colegio electoral de los Maristas, en Juan Pereda Pila. Ahí ya no se vota en el hall de entrada, ya en las últimas elecciones generales plantaron las mesas en un espacio interior, más recogido. Y 'velai' que yo quería estrenarme en el voto por correo, que será más apropiado si en la jornada electoral hay un viaje a la vista, como era el caso. Así las cosas fui a la oficina de Correos en el lejío de los chinatos, esto es, en los sótanos de El Corte Inglés a pedir los papeles oportunos. Me llegó la papela a casa a los pocos días («ya llevo 47 documentaciones entregadas esta mañana», me dijo la funcionaria de Correos, que venía con el carrito de los helados con el antiguo logotipo) y después de hacer mi concienciada y concienzuda selección (pinto, pinto, gorgorito) y colocar las papeletas adecuadas en los sobres oportunos, me colgué del brazo de la parienta y allá que nos fuimos al lejío a cumplir con el deber de votar. Escalera pá bajo, otra escalera más pá bajo, DNI en la boca, entrega de documentos a la amable funcionaria que recogió los sobres. Se disponía a hablar y la parejita de electores esperaba oír la frase ritual «votó». Pero no, sonó una campanita y por los altavoces del centro comercial que inauguraron hace ya veinte años don Juan Carlos Rodríguez Rodríguez Ibarra y don Isidoro llegó clara y nítida una voz melosa y sensual que así decía : «Ya es primavera en El Corte Inglés». Y luego añadía: «Cuidado con las baldosas de la plaza».