Volver a la infancia para aprender

Volver a la infancia para aprender
FERNANDO BERMEJO

He vuelto al instituto Zurbarán cincuenta y ocho años después de la primera vez que lo hice. Con algunos de mis compañeros de entonces. He recorrido los mismos pasillos que entonces recorrí entre aturdido, asustado e ilusionado. He vuelto a sentarme en una de las aulas y he pisado de nuevo el patio en el que entonces jugábamos. Y me he sentido feliz.

No estaba muy seguro de cómo iba a ser la experiencia. Con casi ninguno de mis compañeros había vuelto a tener contacto desde que abandoné el instituto camino de la universidad. De muchos ni recordaba sus nombres y pocas caras me resultaban familiares después de tantos años. Pero el vínculo de aquel punto de partida común creado cuando nuestras vidas eran aún una incógnita ha resultado ser más fuerte de lo que yo imaginaba.

Nuestras vidas han sido muy diferentes. Nuestras convicciones personales lo son ahora en muchos casos. No hemos sido amigos durante este tiempo, salvo contadas excepciones, y puede que eso siga siendo igual a partir de ahora. Sin embargo, después de ese encuentro felizmente organizado por algunos miembros del grupo algo ha cambiado y lo siento profundamente en mi interior. Ahora sé que, a pesar de las diferencias que pueda haber entre nosotros, ese retorno a un pasado que nos unió ha hecho que aquel pequeño vínculo creado en la infancia se haya hecho muy fuerte.

Hace ya muchos años que compartimos experiencias, unas divertidas y otras quizás no tanto, pero cada uno de nosotros las hemos puesto en valor desde la perspectiva de toda una vida vivida, cada uno con sus peculiaridades propias. Y así, pasado todo por el tamiz que dan el tiempo y la buena voluntad, lo bueno resulta más bueno y lo malo menos malo.

Es increíble lo que puede hacerse cuando se potencia lo que nos une en vez de lo que nos separa, cuando dejas a un lado las diferencias y pones el afecto en las avenencias.

Estamos viviendo en un mundo convulso y excitado en el que se tratan de magnificar los defectos de aquellos a quienes tienes por contrincante o por enemigo, rechazando estúpidamente los valores del contrario y las muchas cosas que te acercan a él.

Cuando vuelves a aquellos tiempos aún no contaminados por ideologías ni intereses en los que lo más importante era vivir el presente, entonces pones mejor en contexto lo verdaderamente valioso.

Hay que volver a esa infancia, para aprender y recuperar valores.