Una universidad abierta a todos

Los profesores de la UEx muestran a los estudiantes las posibilidades que ofrece la Universidad de Extremadura. :: C. MORENO/
Los profesores de la UEx muestran a los estudiantes las posibilidades que ofrece la Universidad de Extremadura. :: C. MORENO

La UEx organiza un campus inclusivo para promover el acceso de los estudiantes que presentan algún tipo de discapacidad

JAIME PANADERO BADAJOZ.

Iván Torres es un adolescente granadino que padece de espina bífida, por lo que tiene que desplazarse en todo momento en silla de ruedas. En septiembre empezará un nuevo curso, 4º de la ESO, pero ya tiene claro que quiere continuar sus estudios obligatorios.

Forma parte de la selección andaluza de baloncesto en silla de ruedas, una modalidad que practica como hobby. En realidad, lo que a él le apasiona es la programación, y esta semana se ha convencido definitivamente de que quiere estudiar en la universidad y ser informático. Lo ha hecho en el 'Campus Inclusivo. Campus sin límites 2018', un campamento financiado de forma conjunta por el Ministerio de Educación, la Fundación ONCE y Fundación Repsol.

Está dirigido a menores con discapacidad y en riesgo de exclusión social y tiene como objetivo acercar a este tipo de chicos al ámbito universitario y tratar de evitar que abandonen sus estudios de forma temprana.

Es la primera vez que la Universidad de Extremadura organiza este campus, a pesar de que es la séptima edición que se celebra ya a nivel nacional. Se ha organizado en coordinación con la UAE (Unidad de Atención al Estudiante), cuyo propósito es garantizar la plena inclusión de los estudiantes con necesidades educativas especiales.

El campamento se desarrolló entre el 14 y el 22 de julio y su sede principal ha sido Cáceres, donde han estado una semana. También pernoctaron dos días en la localidad de Baños de Montemayor.

Los estudiantes estuvieron muy implicados en el campus:: C.M.
Los estudiantes estuvieron muy implicados en el campus:: C.M.

El campus extremeño cuenta con 18 alumnos, la mitad de ellos con certificado de discapacidad y nueve sin él. «Tenemos estudiantes con discapacidad auditiva, visual, física, un chico con síndrome de Down y otros con diferentes trastornos autistas», asegura María Barquilla, psicopedagoga que forma parte de la UAE.

El resto de los alumnos entran en la categoría que ellos denominan de 'especial vulnerabilidad' o con riesgo de exclusión social. «Se trata de chicos que viven en centros rurales muy pequeños y aislados, que están tutelados por las instituciones o en entornos desfavorecidos», señala Barquilla.

El campus tiene una función orientadora para los estudiantes, que tienen la oportunidad de conocer de primera mano las instalaciones y la variedad de grados que oferta la Universidad de Extremadura.

Para ello, reciben charlas en cada una de las facultades y asisten a talleres prácticos. «Para muchos de ellos es el momento de decidir su itinerario formativo y nosotros tratamos de ayudarles para que comprueben si se decantan más por las letras o las ciencias», apunta Barquilla.

Aunque la mayor parte de las actividades tienen lugar en Cáceres, también se han trasladado a otros municipios de la región, como Mérida o Hervás. El martes visitaron Badajoz y su primera parada fue la Escuela de Ingenierías Agrarias, donde aprendieron labores de agricultura y pudieron sembrar sus propios cultivos de sandía, tomate o calabaza. Después se fueron a la Facultad de Ciencias, en la que pudieron realizar experimentos con sustancias químicas. Por la tarde, todos disfrutaron en el parque acuático Aqua Badajoz.

Entre los talleres realizados, hubo una clase de equitación, asistieron a un juicio simulado y aprender contenidos antropológicos. También están realizando actividades más lúdicas, como visitar la parte antigua de Cáceres o diferentes talleres sobre cine, teatro y televisión.

El objetivo no es sólo informarles acerca del entorno universitario sino también motivarles a entrar en él. «Muchos de ellos ni siquiera se planteaban ir a la universidad porque traían unas barreras ya puestas, y aquí se están dando cuenta de que no son tantas», manifiesta la psicopedagoga.

Elisabeth Jaldo es otra de las participantes del campus. Al igual que Iván, ella también es de Granada, y quiere estudiar medicina. «Me hablaron muy bien de este campus y quería estar y conocer a personas con discapacidad», reconoce.

«Me ha motivado»

Ella se muestra encantada con la experiencia. «Me está pareciendo genial y me lo estoy pasando muy bien. Ver cómo es el día a día de personas con discapacidad me ha hecho darme cuenta de muchas cosas. Creo que era necesario algo así», añade la joven. Gracias al campus, Iván Torres ha decidido cuál será su futuro. «No estaba convencido del todo, pero ellos nos han dado motivación para seguir estudiando. Ahora ya sé que yo también puedo ir a la universidad», garantiza el granadino.

Todos los alumnos están compartiendo experiencias y comprobando las dificultades por las que tienen que pasar otras personas.

Experimento en un laboratorio de la universidad:: C.M.
Experimento en un laboratorio de la universidad:: C.M.

Iván, por ejemplo, se maneja muy bien con su silla de ruedas, pero algunos lugares se lo ponen muy difícil y sus compañeros tienen que ayudarle a desplazarse. En ocasiones, tienen que buscar un bordillo con menos altura o empujarle en una zona de peor movilidad, pero cualquiera de ellos se ofrece a hacerlo.

Los alumnos también se han concienciado de la importancia de la inclusión social. «Me gustaría que cambiaran los estereotipos que tiene la sociedad con las personas discapacitadas y que les facilitaran un poco más las cosas. Es necesario hacer las calles más accesibles para ellos», afirma Elisabeth Jaldo.

María Barquilla insiste en que las relaciones con personas con discapacidad deben normalizarse. «A una personas en silla de ruedas, por ejemplo, hay que preguntarle si puede subir por un sitio o le ayudamos a abrir una puerta. Ellos sabe perfectamente si pueden o no. Pero sobre todo tenemos que tratarles como a cualquier otra persona».

Desde la Unidad de Atención al Estudiante en la que trabaja, llevan años intentando garantizar las necesidades especiales de los universitarios. Además de Marina Barquilla, que es psicopedagoga, está formada por una trabajadora social y una psicóloga. «Nosotros valoramos el contexto personal de cada alumno, adaptamos la situación a sus necesidades y se las trasladamos al profesorado para que las tengan en cuenta», declara Barquilla.

Quizás este campus le ha cambiado para siempre la vida a Iván y podrá dedicarse a la informática. Probablemente Elisabeth y el resto de sus compañeros también se lleven otras muchas enseñanzas de él. Todos deberían tener la oportunidad de acceder a la universidad y verlo como una meta alcanzable.

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