Otro tesoro extremeño

FERNANDO BERMEJO MARTÍN

Alguien podría imaginar que tras el título de esta columna iba a encontrar una descripción de algún reciente hallazgo que añadir al imponente patrimonio histórico de Extremadura. O quizás que el autor acaba de descubrir un magnífico rincón oculto de los muchos que nos brinda nuestra impresionante geografía y que ha decidido compartirlo.

Pero no, esto no va de eso. Durante años, muchos años, demasiados quizás, los extremeños hemos tenido infiltrado entre nosotros un cierto sentimiento de apocamiento y recato porque pareciera que nuestra tierra es modesta comparada con otras regiones españolas más prósperas económicamente. Después encontramos que podíamos presumir de nuestra fértil agricultura o de la riqueza de nuestra dehesa y sus productos. Eso no nos lo podía quitar nadie y ayudaba a mejorar nuestra autoestima. Más tarde se fue poniendo en valor nuestro patrimonio monumental y también nuestro maravilloso entorno natural. Ya teníamos otra cosa en nuestro haber y la comarca de Las Hurdes, por ejemplo, pasó en el imaginario colectivo de ser un reducto de miseria a un orgullo patrio. También nos enorgullecíamos de aquellos que, teniendo que marcharse de esta zona sin oportunidades por el abandono a la que fue sometida, triunfaron en otros lares. Eran de los nuestros, y eso significaba que también de aquí podían salir gente capaz, más allá de los que hace cientos de años colonizaron otras tierras.

Pero resulta que hay mucho más y merece la pena ser descubierto. El mundo cultural extremeño está a la altura de lo mejor de nuestro país y quizás no somos conscientes. Y está forjando una nueva generación que dará fe de esta afirmación. Ejemplos como el impresionante musical 'Oniria' puesto en escena por el Conservatorio de Música de Almendralejo, que asombraría a cualquiera que pagase por verlo en un local de la Gran Vía madrileña, o como la maravillosa realidad de las Orquestas Infantil y Juvenil de Extremadura, ponen de manifiesto un enorme talento cultural del que podemos y debemos presumir.

Ese talento es el otro tesoro extremeño al que me refería en el título de esta columna. Un tesoro aún oculto para muchos, pero que merece la pena descubrir y del que podemos estar orgullosos.