«Tener trabajo tras salir de la droga y con una enfermedad mental es como un milagro»

Mauricio Justiciano pasea por un parque de Badajoz. :: josé vicente arnelas/
Mauricio Justiciano pasea por un parque de Badajoz. :: josé vicente arnelas

Para Mauricio Justiciano los 14 años que ha pasado en Badajoz desde que emigró de Bolivia no han sido fáciles, pero ahora ha rehecho su vida

NATALIA REIGADAS BADAJOZ.

«Hubo un momento que pensé que no saldría del pozo». La frase es de Mauricio Justiciano. Este hombre de 35 años lleva 14 viviendo en Badajoz, desde que emigró de Bolivia. No han sido años fáciles. Se enganchó a las drogas, desarrolló una enfermedad mental y perdió a su hijo, que volvió a vivir a su país natal con la que fue su mujer. Esos fueron sus momentos más bajos, cuando tocó fondo y sintió, según recuerda, que no podría volver a revivir.

Sí que lo logró y hace cuatro meses salvó uno de los obstáculos que más le preocupaba, volver a encontrar un trabajo. Es reponedor y limpiador en el Economato Social que tiene la Fundación Dolores Bas en la ciudad. Llegó a este empleo gracias al programa Incorpora, de La Caixa, que se desarrolla a través de la Fundación Sorapán.

«Mi familia está muy contenta. Lo pasaron mal conmigo. Ha sido como un milagro que todo vuelva a renacer, el trabajo después de la enfermedad», dice Romer Mauricio Justiciano Vaca, su nombre completo.

El camino hasta su recuperación no ha sido sencillo. Emigró a Badajoz junto a su familia para buscar mejores oportunidades, las que no encontraba en Santa Cruz de la Sierra, una ciudad de casi 3 millones de habitantes en la que vivía en Bolivia. «Nos trasladamos por tener unas cuantas cosas más. Pensamos en venir para ahorrar dinero y comprarnos una casa. Incluso tener un negocio. Ganar un poco más», recuerda.

«Es la cosa más dura que te puedas imaginar. Es por necesidad y uno las pasa mal. Y eso que yo me vine con mis padres. Cuando la gente viene sola, lo pasa muy mal», añade Justiciano para destacar que el camino de los emigrantes no es sencillo. En estos 14 años, además, no ha podido volver y echa de menos a su familia y sus costumbre.

Lo que más añora de Bolivia es a su hijo de 10 años. Lo tuvo en España, pero su mujer decidió marcharse de nuevo a Bolivia. No lo ve, pero siguen en contacto. Está deseando visitarlo y tener recursos para que venga a vivir con él. «Quiero ir a ver a mi hijo y traérmelo para acá. Estamos en contacto y me cuenta que está en su colegio, que está muy bien, pero que también se quiere venir. Yo le digo que estudie y que sea más mayor antes».

Mauricio tuvo un momento que cambió su vida, fue cuando decidió dejar las drogas. «Estuve muy metido. Era muy joven y comenzó por curiosidad, por los amigos más que todo, pero hubo un momento que decidí dejarlo. Pensé: tengo que salir, tengo que dejarlo porque esto está acabando con mi vida».

«Pensé: tengo que salir»

Dejar las drogas, sin embargo, le hizo tener que afrontar otro problema. Le diagnosticaron un trastorno de esquizofrenia. El proceso, a través de un centro de rehabilitación psicosocial, fue largo, pero ahora se encuentra muy bien, especialmente desde que comenzó a trabajar. «Sienta bien. No sabéis el alivio que es. El peso que deja uno atrás. Un trabajo, ganar algo de dinero y sentir que hace lo que necesita». Los cuatro meses contratado han mejorado incluso su salud. «Estoy mucho mejor. Además, ahora tengo un tratamiento distinto. Me quitaron las pastillas y ahora solo es una inyección cada tres meses».

Su contrato es de seis meses y su ilusión es encontrar otro empleo cuando termine. Sabe que no es fácil, especialmente cuando la gente se entera de que tiene un enfermedad mental porque hay muchos prejuicios al respecto. «Prefiero no decirlo normalmente. Hay algunas personas que se lo toman a mal, te dicen que eres un loco. Por eso yo, a veces, no lo cuento y, si me preguntan, tampoco comento nada. Paso del tema. Si es tu familia: tu padre, tu madre o tu hermano, lo aceptan, pero otras personas no».

Marian Fuentes es la asesora laboral de Incorpora Fundación Sorapán que ha ayudado a Mauricio y reconoce que no es habitual encontrar trabajo para alguien con este tipo de patologías. «Es muy difícil. Duro durísimo. No es imposible, pero es muy complicado».

Una de las funciones de Marian Fuentes es contactar con las empresas para encontrar puestos que se ajusten a los distintos perfiles y romper los prejuicios. «Están equivocados. Somos personas que solo necesitan una oportunidad», replica Mauricio Justiciano.

Antes de llegar a un empleo, el programa ofrece a los participantes talleres y asesoramiento en su Centro de Rehabilitación Laboral. Además de lidiar con la enfermedad, muchas de las personas que llegan tienen una baja formación y poca o ninguna experiencia laboral, ya que estos problemas suelen paralizar sus planes vitales. Ya una vez integrados en un trabajo, además, los asesores les acompañan. Mauricio recomienda seguir este proceso a cualquiera que haya pasado por lo mismo. «Que pidan ayuda, que hay soluciones, para todo tipo de trastorno. Si uno quiere salir, prosperando sale. Si no llega a ser por la ayuda que me han dado, no hubiese encontrado trabajo».

«Me trajeron, me presentaron a compañeros, hicimos cursos, lo pasamos bien y de la noche a la mañana, puf, me dijeron que había un trabajo para mí», dice Mauricio y comienza a reír. Cuando habla de su empleo, le cambia la cara y la expresión corporal. El chico tímido que habla mirando al suelo y en voz baja, se anima y revela todos sus planes. «Quiero tener a mi hijo, quizá una mujer y una casa. Lo que quiere cualquiera».

 

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