«Hay que tener mucha sangre fría para moldear la piedra»

José Luis Hinchado, en la sala Arte Joven, con algunas piezas de 'Paisajes Humanos' de fondo. :: Pakopí/
José Luis Hinchado, en la sala Arte Joven, con algunas piezas de 'Paisajes Humanos' de fondo. :: Pakopí

José Luis Hinchado expone en Arte Joven una colección de cabezas inspiradas en la musa de Brancusi

A. GILGADOBADAJOZ.

A ojos de un escultor en piedra, una cabeza humana se esculpe como una montaña. Paisaje y anatomía en una misma pieza. A esa idea le ha dado muchas vueltas José Luis Hinchado. Su reflexión ha sido más que fructífera: una docena de esculturas que se pueden ver en Arte Joven, frente al colegio Marista de Badajoz, hasta el 11 de octubre.

Homenaje a todos los creadores. En 'Paisajes Humanos' presenta al fotógrafo con su cámara, al pintor con los pinceles, al músico con las notas...

Habla el autor de poemas visuales. Figuras de piedra con contenido. Estética y mensaje. Y en este paisaje humano se cuela su perro. Ve a su fox terrier es como una persona más de su entorno.

Cuanto más grande es una figura, más posibilidades hay de perderte en las expresiones

Y después llagamos a Brancusi. La musa dormida del escultor rumano es una de los desvelos de Hinchado. Flechazo en un avión en 2005. Viajaba a un simposio a Alemania sin una idea clara sobre qué aportar y en la revista de la aerolínea se topó con la durmiente de Brancusi. Encontró su propuesta para el simposio. «Me obsesiona la simplicidad de las formas».

Aunque su musa no está dormida. Más bien muda y ciega. Vendas de hierro en los ojos y en la boca. Mensaje directo a los que ven el arte de lejos. Ciegos y mudos a lo que hacen los creadores. «Sobre todo a los políticos, no quieren saber nada de los artistas y somos una parte de la sociedad».

Acostumbrado a mover moles de varias toneladas, centrarse en veinte, treinta o cincuenta centímetros como mucho ha sido como pasar del patio al salón. Las figuras de Arte Joven se ejecutan sin dolor de espaldas y sin tragar polvo. Tampoco necesita un camión pluma para moverlas. Todo muy confortable. «Reconozco que ha sido más cómodo, pero echo de menos las piedras grandes».

'Paisajes humanos'

'Paisajes Humanos' empezó tras la invitación que le hizo Miguel Ángel Gartzia, de Arte Joven, para arrancar en curso en su sala. Se adaptó al espacio. Talló piezas pequeñas y diseñó la iluminación de cada elemento. Ha recreado una atmósfera teatral como si fueran máscaras sobre el escenario. Incluso ha pintado la pared y ha puesto un suelo verde sintético en el suelo.

En el taller trabaja directamente sobre el bloque. Nada de boceto previo. «Tienes una idea, pero vas cambiando según te lo va pidiendo la piedra». Concibe Hinchado la escultura como la intelectualidad del arte. Hay que dominar muchas disciplinas para firmar acabados perfectos. Tipos de materiales, maniobrar con muchas herramientas distintas, dibujar perspectivas en tres dimensiones.

Oficio de picapedrero. Arte doloroso. Martillazos en las manos y peligro con las radiales. Y sin perderse. Cuanto más grande es una figura más posibilidades de perderte en las expresiones. Valentía para tirarse sin red. En la arcilla o barro uno puede rectificar, aquí, si se te va la mano, no hay vuelta atrás. «Hay que tener mucha sangre fría para esculpir la piedra».

El problema viene porque muchas veces estos trabajos apenas tienen salida en el circuito cultural y comercial. Ni tan siquiera los museos están preparados para acoger esculturas de grandes dimensiones. De ahí que a veces elija piezas de salón. Hay que llegar a la gente. «Trabajamos para el público. Nos gusta que vengan a ver y hablen de lo que hacemos».

Muchas veces ha contado Hinchado su historia de amor con la escultura. Fue a los nueve años. Encontró un libro sobre Miguel Ángel y se envenenó. Le fascinó que una piedra pudiera tomar forma humana. «Me entró como una obsesión por hacer lo que hacía Miguel Ángel». Ya como estudiante de Bellas Artes en Sevilla se apuntó a la Escuela de Artes como oyente por las mañanas para no esperar hasta cuarto para tocar la piedra.

Ahora reconoce que se la pasan las horas en su taller de Alcazaba. Hasta esta pedanía se tuvo que ir para montar un estudio apropiado de piezas de grandes dimensiones que no molestase a los vecinos. Nadie quiere ruido y polvo cerca de casa. «En esa soledad es cuando una trabaja bien».