«Tenemos que tener todo el día la luz encendida por culpa de los árboles»

Manuel Díaz, en la mediana de Alcaraz y Alenda, delante de los árboles que tapan su fachada. / C. MORENO
Manuel Díaz, en la mediana de Alcaraz y Alenda, delante de los árboles que tapan su fachada. / C. MORENO

Cuatro plátanos tienen condenadas a 37 familias pacenses a vivir en penumbra, por eso piden que los poden

MIRIAM F. RUA BADAJOZ.

Cuatro árboles son los culpables del incremento de la factura de la luz de la treintena de familias que viven en los bloques entre la avenida José María Alcaraz y Alenda y Miguel Pérez Carrascosa, en Valdepasillas.

Según denuncian, tienen tanta altura y son tan frondosos que impiden que la luz natural se cuele en sus casas. «Tenemos que tener todo el día la luz encendida, sea de día o de noche, mientras estemos en casa porque no se ve nada», asegura Manuel Díaz de Miguel, vecino de uno de los bloques afectados.

En su casa, tanto las ventanas de los dormitorios como la del salón se topan con los plátanos. Vive en el segundo piso pero la altura de los árboles sobrepasa el cuarto. Por eso, cuando abre las ventanas el paisaje siempre es el mismo, las hojas. «Parece que estamos metidos dentro de una burbuja. Tenemos la sensación de estar como aislados en pleno barrio de Valdepasillas».

La falta de luz no es el único problema que trae de cabeza a estos vecinos por culpa de los árboles. El ruido les desquicia. Los árboles están plantados en la acera pero sus ramas chocan contra las fachadas. Algunas de ellas miden casi 10 metros y al golpear las paredes, provocan un estruendo dentro de las casas.

Tanto es así que, según los vecinos, «entre los árboles y las viviendas se crea un pasillo que cuando sopla el viento, el ruido se hace insoportable».

El ruido y las alergias

«Es imposible descansar cuando los árboles cimbrean, parece que estamos ante una catástrofe. Tenemos una vecina que está enferma y los días que hace viento tiene que recurrir a tomar tranquilizantes porque el ruido le provoca mucha ansiedad», relata Díaz.

Estos episodios no son ajenos para este vecino. Ya los sufría su suegra hace 20 años. Fue entonces cuando pidieron por primera vez al Ayuntamiento que podara los árboles. «Vivo en esta casa hace 30 años y la única vez que en ese tiempo han podado los árboles fue hace 20 años, después no han vuelto a venir por aquí».

El tercer problema que asocian los vecinos con los árboles son las crisis alérgicas que les provocan. Tres de ellos son los que más sufren este problema cada primavera. «En mi casa en este tiempo no entra ni la luz ni el aire, porque tengo que tener el doble cierre echado porque no puedo respirar», se lamenta Díaz. Como él, otros vecinos han tenido que cerrar el balcón para evitar que el polen se cuele en sus casas.

En febrero de 2017, presentaron un escrito al Ayuntamiento para informarles del problema que les causaban los árboles, donde le pedían que los podaran. Esta ha sido la última vez que se han quejado formalmente. «Nadie ha contactado con nosotros ni ha venido a podarlos. Ya hemos sido suficientemente pacientes, esto ya creo que es una dejadez y una negligencia por parte del responsable de parques y jardines», valora Díaz.

De su queja se hizo eco hace unos días el grupo municipal socialista. Tenían la esperanza de que, con su denuncia, los operarios municipales llegaran a cortar las ramas pero no ha sido así.

«Solo pedimos una poda, no pretendemos que nos quiten los árboles. Queremos que se mantengan pero con un porte lógico para poder tener calidad de vida y, sobre todo, vivir tranquilos», concluye.